martes, 5 de septiembre de 2017

LA ARAÑA QUE LLEVO DENTRO

De la red

Me adentro cada noche en la oscuridad de mis pensamientos y ellos me llevan de viaje a lugares inesperados, adopto forma de animales o seres fantásticos, hablo idiomas que no se escriben o escribo palabras que nunca digo.

Recuerdo aquella vez, no tan lejana en el tiempo, en la que me encontré de repente tejiendo una tela de araña con mis ocho patas bien ocupadas. Se veía que tenía experiencia, pues esa agilidad que presentaba no se consigue de la noche a la mañana. Debo haber sido viuda negra o tarántula en el inconsciente, porque conscientemente nunca hubiera elegido habitar en el cuerpo de ese artrópodo tan repelente.

Pero como siempre intento buscar el lado positivo, empecé a indagar en el fondo oscuro y encontré un montón de trofeos con mi nombre. Parece ser que los tenía guardados en el olvido, creo que por alguna causa que no recuerdo un día debieron dejar de tener sentido.

Poseía el título de Tejedora en Espiral, una especialidad muy cotizada dentro del mundo arácnido, porque exigía una capacidad innata para torcer la seda armoniosamente sin que se quebrara o creciera una baba inesperada.

Otro diploma que llevaba mi nombre era la del récord Guinness que gané por ser la primera en cruzar la meta en aquella locura de carrera. Se trataba de ponerse en las ocho patitas zapatos de tacón de aguja y correr a toda pastilla sin poder doblar ninguna rodilla.

Pero la capacidad que más echo de menos como humana y que poseo cuando pienso que soy una araña es la de ver periféricamente la vida diaria. Desearía no perderme ni un instante de cada día y por las noches, si he de competir corriendo, que sea con zancos y de puntillas.

jueves, 24 de agosto de 2017

CONSECUENCIAS

De la red

Me incitaste a escribirte una carta un día, así de sopetón, sin pensar muy bien lo que decías ni valorar el peso de tu acción.

Debías creer que yo era una simple mortal y que mis palabras no dirían nada nuevo: letras más letras bienquedas, muertas, yacentes sobre una página en blanco. Nada más lejos de la realidad.

Mis frases esconden pequeños tesoros, son como piedras preciosas formando pulseras, collares, cadenas. Una no tiene sentido sin la anterior o la siguiente, van unidas a lo que pienso y dicen mucho más de lo que parece.

Mi trabajo acaba al entregar la carta, Ahora empieza el tuyo: aprender a leer. No como lo hicieron en el colegio cuando eras pequeño, sino a leer entre líneas, sin distraerte, buscando detalles que iluminen tus días o sentencias brutales que te remuevan las tripas.

Me incitaste a escribirte una carta un día, así de sopetón, como el que pide agua en el bar de la esquina pensando que el agua es agua se mire por donde se mire: que cae del cielo, que se arrastra por los ríos, que se envalentona en mares y océanos, que te limpia y también te quita la sed. Aguas que si no son tratadas provocan enfermedades mortales que acaban de golpe con tus ansias de beber.

Cartas, ganas, letras, tesoros, frases, agua, en definitiva, el comienzo de un conocimiento más hondo.

martes, 15 de agosto de 2017

PALABREJA


Soy una palabra que bien pudiera parecer cualquiera, pero yo soy afortunada por estar formada con mis letras, ellas siempre ordenadas, atentas, despiertas. Me tienen preparado el desayuno todas las mañanas y me organizan con precisión mi apretada agenda.

He formado parte de novelas, estoy en conversaciones de amor y hasta en alguna firma de hipoteca. Mi trabajo no es fácil porque como el mejor actor diría, hay que modular la voz, meterse en el papel y estar siempre preparado para actuar de noche o de día. 

Me encanta ser escrita con tinta, lápices o tizas, adornar paredes en la calle o formar parte de los guiones de una vieja serie de policías. Adoro ser nombrada a través de mujeres poderosas, hombres enamorados o niños y niñas que están empezando a ser educados.

Sueño con formar parte de ese viaje de nombre impronunciable del que hablan las palabras viejas. Aquel en el que te plasman rápidamente en un papiro para ser enrollado y en una botella metido. La rapidez de la escritura suele ir acompañada de alguna lágrima furtiva y de una temblorosa caligrafía, pero el deseo de ser leída hará a esa larga o corta travesía la experiencia más increíble de toda una vida.

Dicen que si formas parte de ese exclusivo elenco no volverás a ser la misma, que sufres un cambio interior provocado por la humedad y la sal marina. Que después no serás feliz cuando te toque lidiar en los despachos o estar enmarcada en una glorieta, que eso se quedará chico para cualquier palabreja, aquella que si logra viajar en una botella, sabe que será la única forma de ver el fondo del mar a la vez que mira hacia las estrellas.

martes, 1 de agosto de 2017

DESVIRTUAR


De la red

Me cubriste los ojos con una lente de aumento para que todo lo que enfocaran mis cristalinos tuviera una importancia más que relevante. Y me creí que el mundo era así de bonito.

Pasear agarrados de la mano se ha convertido en mi pasatiempo preferido, noto cómo las pieles se rozan y el equilibrio natural de la vida compensa nuestras temperaturas. Así ninguno de los dos está expuesto a pasar mucho calor o demasiado frío.

Me niego a creer que algún día, quizá próximo, quizá lejano, desearé quedarme con mi calor corporal y no compartirlo. Yo, que sufro desmayos cuando me baja la tensión a los suelos, necesito cada cierto tiempo mi droga de invierno poético. 

Tampoco quiero pensar que tú, que portas una gran corazón de hielo, renuncies a mis veranos tropicales que te salvan de terminar alojado en el congelador de un restaurante noruego. 


La lente de aumento también me provoca que mi visión del futuro sea, a pesar de las previsiones negativas, maravillosa.

Tendremos un hogar sin ruidos donde nos alojaremos fines de semana alternos, uno lo pasaremos con la gente sin lentes, porque necesitamos nuestra dosis de personas corrientes, y otro aislados de todos los peligros, aunque correremos el riesgo de quedarnos eternamente dormidos.


lunes, 17 de julio de 2017

HUESOS

De la red

Quiero desnudarte. Te he visto tantas veces sin ropa que ya va siendo hora de que cubras un poco tu cuerpo. Pudiera parecer una incongruencia unida a reproche, pero solo es un lamento matutino que pretende alcanzar un determinado objetivo.

Y es que desabotonarte la camisa nunca fue especialmente difícil, pero yo no buscaba eso. Yo desnudo con calma, quitando capas y capas hasta tocar primero músculo y después hueso.

Tardé muchos meses en desprenderte de tu armadura cargada de celos. Te pesaba tanto que cuando me mirabas no veías lo inservible que iba a ser ella conmigo. No soy tuya, no soy suya, no somos propiedades privadas ni pretendo tener tus ojos clavados siempre en la parte baja de mi espalda o en mi ombligo.

Creo que gané a pulso deshacerme de aquella gran masa de desconfianza. Por las noches cuando dormías cogía mi cincel y el martillo y poco a poco conseguí quitarle los nudos y darle forma de piel bronceada, con sus pecas y sus arrugas estudiadas. Resulta curioso comprobar que desde entonces vivimos nuestros días de forma relajada, tú no desconfías y yo duermo del tirón casi hasta mediodía.

Ahora estoy atareada con tu capa de miedo, he intentado casi todo para ahuyentarla, desde asustarla con arañas peludas a ponerme una sábana blanca...pero esos animales no te dan pánico y a los fantasmas, lamentablemente, estás acostumbrado.

Reitero, yo seguiré desnudándote hasta llegar a tus huesos, quiero comprobar si los dos tenemos la misma fuerza de voluntad, idénticas tibias y semejantes heridas y fragmentos.


miércoles, 5 de julio de 2017

SABIAS TEMPESTADES

De la red


Estaba sentada mirando al infinito e intentando ordenarlo de arriba abajo cuando la tormenta se acercó. Por suerte tenía un paraguas a mano de mi color favorito y como me tapó lo imprescindible sin quejarse por el mal tiempo, yo lo sujeté con orgullo y tesón.

De repente el infinito dejó de existir y ante mí se mostró el "aquí y ahora", el "momento", el "soy yo". A una distancia de tres metros en línea recta se acababa el espacio, pero si intentabas llegar hasta el fondo, un precipicio muy hondo te lo impedía de inmediato.

Tan cerca y tan lejos, tan tú y tan yo.

Empezaron a sonar truenos y a verse relámpagos por todas partes, las aves huían volando como podían, los roedores se metieron en diferentes agujeros, los insectos dejaron de picarme y, acobardados, se escondieron.

Aguanté el chaparrón y después admiré el paisaje que ante mí se mostró: cientos y cientos de gotas formando nubes negras que se golpeaban unas a otras intentando hacerse un hueco entre la poblada selva.

Y entonces lo vi claro: en la espesura de lo denso no es posible crear nada estable. Los relámpagos te despiertan de los sueños y con los truenos dormir de nuevo no es viable. El aleteo de los pájaros te llena de plumas la cabeza y poseer un paraguas rojo implica tener que encontrar uno azul para completar el equilibrio que haga que la tempestad desaparezca.


lunes, 26 de junio de 2017

BE WATER

De la red

Siempre he tenido miedo al agua, aunque domino el arte de desenvolverme entre lo mojado y lo profundo. 

Nunca nadé entre peces de colores ni vi arrecifes de coral in situ. He imaginado su textura y sus destellos, he soñado que buceaba sin compañía y que durante los minutos que duraba el descenso yo sentía, nada más y nada menos, simplemente sentía.

Y de tanto sentir cuando estaba dentro, dejé de sentir afuera. No sé si me explico: no notaba el frío del viento, no sabía si comía dulce o salado, no me importaba pisar ascuas o bailar al revés, era solo vivir por vivir, sin pelos de punta ante un descubrimiento, ni juegos nocturnos de manos y pies.

Deseaba quedarme dormida para descarnarme en vida y volver a latir, con cada metro que avanzaba mis piernas crecían, el pelo se ondulaba y mis ojos vidriosos se aclaraban y limpiaban. Es lo que tiene el agua, que se cuela por la boca y es capaz de llegar hasta las entrañas.

Un día limpiando un armario como he dicho antes, sin sentir, apareció mi hada madrina justo a mi lado. Tenía el ceño fruncido, cruzaba las piernas y las movía, porque llevaba allí sentada días y días, eso me dijo, sin que yo hubiera reparado en su presencia. No estaba acostumbrada a ese tipo de recibimiento, es más, como castigo me suprimió dos deseos y sólo me propuso que se me cumpliera a medias el que pidiera, hasta que tomara cartas en el asunto y solucionara lo del sentir aquí en la tierra.

Me quedé dos noches despierta intentando recobrar lo perdido, pero ni con pellizcos en las mejillas despertaba yo de mi mundo onírico. A la mañana siguiente pedí ser una sirena y, como ella me había dicho, se cumplió pero a medias.

Ahora no puedo vivir fuera del agua, pero sigo teniendo piernas.