viernes, 7 de junio de 2019

DREAMS

De la red

Soñé que era pequeñita en edad, como ayer. Regresé a la ilusión por defecto, solo tenía que mirarme los pies descalzos y comenzar a moverlos.

Y ese movimiento te llevaba a cualquier sitio, desde a bosques encantados hasta a viajes submarinos. Lo que pasa es que decidí dar un rodeo para comprobar si había algún camino por los extrarradios más desfavorecidos. Siempre he tenido pies rebeldes, son capaces de lesionarse si no están cómodos o comienzan a oler en los momentos más inoportunos como verdaderos demonios.

Pero así, con su carácter prepotente, hemos ido caminando, saltando piedras, dando patadas y perdiendo uñas. A estas últimas, habitualmente, las reparo y las maquillo. Les encanta ser femeninas a ratos, me han confesado por lo bajini que se sienten orgullosas de los triunfos obtenidos y yo les contesto a gritos que el sentimiento de orgullo es mutuo y merecido.

Seguiremos soñando sueños infantiles, apostaremos al caballo perdedor, seremos pocos y quizá seniles, al fin y al cabo, no somos más que seres humanos buscando nuestra canción. 



miércoles, 17 de abril de 2019

DESGASTADOS

De la red
Entré en el quirófano con media vida y no precisamente por tener afectado gravemente algún órgano, sino porque ya había gastado las reservas acumuladas en la infancia que servían para mantener intacta la esperanza y la alegría.

El cirujano me extirpó un tumorcillo sospechoso. Parece ser que era el causante de la imaginación tan desbordante que convertía mis días en cuentos de irrealidad y fantasía. A partir de ahora, -me dijo con la voz entrecortada, lo que veas será verdad, casi todo lo que comas será natural, parte de lo que toques te escocerá y todo lo que sientas te dolerá.

Se supone que ese es el precio a pagar por recuperar la complejidad de la vida. Y no sé por qué, pero desde entonces me siento vacía. 

Me niego a creer que las manchas de la piel son solo el resultado del paso del tiempo. Prefiero pensar que alguien en alguna parte está usándonos como lienzo. 

Para mí las arrugas son un GPS personalizado, las profundas son carreteras recorridas varias veces al día y las moderadas son caminos que aún no han sido explorados. 

Y el latir de mi corazón, ese que poco a poco se va reduciendo, está causado por soportar la presión, durante tanto tiempo, de compartir la misma sangre intentando ser uno frente a dos cuerpos. 

lunes, 1 de abril de 2019

CON LUPA

De la red

Soy la mota de suciedad acumulada en la esquina más escondida de tu ventana. Te veo llegar por las noches y salir por las mañanas. Al irte te noto tensa, nunca sabes si volverás como te fuiste, con más carga o menos plena. Sin embargo cuando entras en casa tienes cara de aliviada, te sientas en el sofá, me miras y piensas que en algún momento tendrás que limpiar esa sucia ventana.

Soy la pelusa de polvo escondida debajo de tu cama. Empecé siendo pequeña, después mediana y ahora soy tan grandota, que podría fabricarme cuatro pezuñas y hacerme pasar por tu mascota.
Oigo tus miedos durante la noche, vislumbro tus sueños y entiendo tus gritos. Solo siento pánico cuando se te caen las monedas y al agacharte piensas que deberías barrer más a menudo, porque parece que hay vida ahí abajo y yo, a veces, hasta lo dudo.

Soy una pequeña telaraña que lleva un mes colgada en tu lámpara. Busco arácnido que me alquile y mientras tanto te observo con lupa. He conseguido ver el movimiento de tus pensamientos, tus descargas neuronales, esa cana incipiente y algunos deseos prohibidos. De repente alzas la vista y piensas que podrías comprarte un plumero o bien adoptar una tarántula paracaidista. 

La mota de suciedad, la pelusa de polvo y la pequeña telaraña han creado un sindicato para evitar ser eliminadas. Tú las observas desde lejos y, una vez más, piensas que ahora mismo no podrías estar mejor acompañada.

domingo, 24 de marzo de 2019

POSIBILIDADES

De la red
El día en que perdí adrede la consciencia fui cogida con pinzas y tendida a secar. Desde entonces estoy a merced del viento, subo, bajo, me enredo y hago piruetas sin ningún esfuerzo, físico o mental.

Los rayos del sol me están poniendo amarilla, la ropa está hecha jirones, las uñas largas, los labios se van agrietando y mi pelo ha adquirido textura de escobilla. Estoy planteándome seriamente dedicarme a la espantapajararería, esa profesión tan olvidada que ahuyentaba con su sola presencia a todo pájaro agresivo o hambriento que acechaba el cultivo. Puede que no sea una mala idea después de todo, porque pajarracos amenazantes haberlos hay y necesidad de ahuyentarlos, por desgracia, también.

Sin embargo por las noches me apetece cambiar de profesión futura y me dan ganas de probar suerte en el mundo de la papiroflexia. Poder convertirme en avión de papel y viajar por el mundo sin necesidad de repostar, dejarme dirigir por las corrientes de aire y acabar en un bosque sin tener que aprender a aterrizar...

Los días de lluvia quisiera ser paraguas, los de tormentas, pararrayos, en verano quiero ser playa y en invierno sopa de rábanos. Si te veo cerca quiero ser persona, pero cuando oigo tu voz a lo lejos, tan solo deseo ser ese último beso.

Es la libertad que te ofrece estar tendida por pinzas, que puedes inventarte tus vidas mientras esperas a estar seca y ser recogida. 

viernes, 1 de febrero de 2019

PALABROPELEAS

De la red
Chillan las palabras, voy andando por la calle a toda prisa y las siento protestar en los bolsillos. Creo que por momentos se pelean entre ellas, porque cuando escucho una voz grave dándolo todo, de repente una vocecilla aguda cambia el discurso, el acento y hasta la entonación con la que la oigo.

A veces las pierdo por el camino, lanzan cuerdas hasta el suelo y se deslizan hacia abajo haciendo rápel. Cuando las cazo al vuelo observo que tienen magnesio en sus deditos y arneses ajustados, lo que me hace pensar que planean sus escapadas y que posiblemente alguien se las financia.

El caso es que el tiempo va pasando para todos. Algunas se reproducen, imagino que el amor para ellas también tiene sentido. El problema es que por las noches, las palabritas lloran a pleno pulmón y me desvelan. Bebo leche, leo libros, hago yoga y nada las calla. Como último recurso comienzo a cantarle nanas serenas, esto hace que vayan saliendo de mi boca cientos de palabras nuevas. Se unen a ellas y por la mañana lo noto, cada vez me pesan más los bolsillos, tengo tantos tipos de letras como de colores, de tamaños y de estilos.

Por lo que he decidido unirme al enemigo, las he seleccionado por idiomas y las he repartido por todo el cuerpo. He notado que si las utilizo desaparecen por momentos, eso sí, cuando leo libros vuelve un repunte que me niebla hasta la vista, así que la solución es compartirlas, ya sean dichas o escritas. 

Que no quede nada por decir, las palabras que se guardan en los bolsillos terminan desarrollando malos modales. Estaréis conmigo en que decir un "te quiero" a gritos suena diferente a cuando se dice suavemente al oído. He dicho.


domingo, 30 de diciembre de 2018

IDA Y VUELTAS

De la red

Hice las maletas como el que se prepara para volver a nacer. Tuve que meter ropa usada, libros leídos, brillo de labios un poco apagado, todo lo necesario para comenzar de cero, pero sin olvidarme de ti.

Y es que eres especial: un puntito rojo en el cielo azul, una chispa ardiente más bien helada, una carcajada en medio del lloro infantil, una especie de querer-te-quiero sin podérnoslo decir.

Durante mi larga estancia fuera aprendí a vivir, cubrí mi cuerpo de tatuajes durante los veranos y los inviernos los pasé estudiando otras formas de sentir, desde los que pinchan el alma al recordarlos, a los que te cambian la manera de discernir.

La maleta cambió de color, el tamaño disminuyó, cada vez que viajaba traía paquetes con minutos cargados de tiempo y me deshacía de traumas polvorientamente viejos. El tiempo lo empleé en mí y por tanto envejecí por dentro, pero por fuera me mantuve joven, lo que despista a cualquiera que quiere ponerme un nombre.

Los libros leídos los volví a releer, saqué conclusiones nuevas y después los regalé. Creo que se sienten licenciosos desde que los dejé andar, al fin y al cabo las historias están hechas para hacernos soñar con la ansiada libertad.

Ahora mi brillo labial no deja de centellear, emite llamativos mensajes en morse que deberán ser traducidos por todos aquellos atrevidos que dediquen sus días a descifrar a lo que mi maleta repleta de sitio se ha comenzado a dedicar.


martes, 27 de noviembre de 2018

VENENOSA





De la red



Sshhhh, soy una seta venenosa que atrae a sus presas haciéndose la víctima. Tengo muchas pecas que parecen lesiones, raíces poco profundas y una delgadez preocupantemente extrema que me obliga, en ocasiones, a tener que desafiar a los mirones.

Elijo objetivos complejos: a esos que se consideran eruditos micólogos sin serlo, a los que investigan el fascinante mundo de los hongos, a los cocineros que nos cocinan y a los gnomos que se quieren venir a vivir dentro.

Mi táctica es sencilla, cubro mi sombrero con polvo del camino, subo el anillo unos centímetros con mis manos, adopto la postura altiva de la amanita purpúrea y me estiro como nunca cuando oigo pasos cercanos.

Y cuando me metes en la boca aparezco, mi apellido es muscaria y provoco muchos efectos adversos. Tú te sientes mal sí, pero yo disfruto al rozar tu paladar, al soltar un poquito de veneno, al paralizar durante unas horas la necesidad de buscar fuera lo que ya está dentro.

Sshhh, creo que se me pasó por alto un detalle importante, llegados a este punto yo muero, al fin y al cabo sólo soy un ente parasitario que se desarrolla en ambientes putrefactos. Y ahora que estoy aquí lo he descubierto, resulta que tu hábitat es todo lo contrario a estar muerto.