lunes, 13 de noviembre de 2017

ALAS PARA SOÑAR

De la red

Llévame contigo de viaje, prometo portarme bien. Suelo ponerle pegas a quedarnos parados, pero por lo demás, no protestaré.

Si vamos en avión estaré encantada: volar como los pájaros pero sin alas. Atravesar las nubes sin poseer una ubicación exacta, perdernos en este mundo tan grande que lo tiene todo sin tener nada.

Dormiremos sin sueños, porque el sueño es ahora verdadero, pero nos abrazaremos tanto por las noches que por la mañana nuestros huesos sentirán intensos dolores. No quieren separarse porque sus células comparten secretos indiscretos, shhhh, silenciosos misterios tallados en claves óseas cubiertas de carne y músculos, piel y pelo, sudor y ropas.

Nos dejaremos llevar cuando atravesemos los ríos más peligrosos del planeta, bailaremos bajo la lluvia de los tifones, nos cogeremos de la mano cuando los terremotos nos derrumben, retaremos con la mirada a búfalos, tigres o leones.

Escribiré un diario centrándome en las sensaciones, metiendo el dedo hasta encontrar a las palabras latiendo. Diseccionaré por partes para descifrar tus silencios y mis pesares. Auscultaré los suspiros, secaré los sollozos, te leeré un cuento chino con final apoteósico.

Por cierto, la vuelta será desprogramada, estoy intentando con todas mis fuerzas que no sea posible acatarla .

viernes, 3 de noviembre de 2017

MI TIEMPO

De la red

Mi reloj pierde las horas, creo que se están asustando de vivir conmigo. Hace semanas que los minutos se camuflan entre segundos pasados de tiempo.

Y es que el paso de este último, el tiempo, apaga el color de las fachadas, agrieta a los bancos callejeros, nos encoge unos milímetros la estatura, arruga nuestra piel y nuestro pensamiento.

Todas las horas perdidas se juntan de vez en cuando en locales con mala fama, portando en sus muñecas y cuellos minutos de oro viejo. Les da por beber vino tempranillo por aquello de los recuerdos y juegan a la gallinita ciega con una cuenta atrás de por medio.

En aquel local se encuentran con relojes de arena y relojes de sol tristemente abandonados, ellos añoran los tiempos dorados en los que para ser útil las agujas no eran un requisito necesario. Observan a las horas con cierto grado de nostalgia y mucha rabia contenida, ellas ya existían hace miles y miles de años, sin embargo ellos son más actuales y ya están desactualizados. 

Pero las horas perdidas también sufren cuando llega lo oscuro, nadie las cubre con sábanas o mantas, nadie las besa, nadie les desea las buenas noches. Y si tienen pesadillas se van del sueño, tienden a abandonar todo lo que les perjudica, quizá ese sea el gran  secreto.

jueves, 12 de octubre de 2017

¡ACHÍS!

De la red
Estoy aquí, sentada al sol, mirando directamente a los ojos de nadie.

Hasta el eco se fue, ni siquiera el zumbido de las abejas fabricando miel obtienen sonido de vuelta en esta, mi naturaleza. La tierra huele a piel, sus poros son mis huellas, los caminos pronunciados las cicatrices de mi vida, de la tuya y de la nuestra. 

Recorro una y otra vez mentalmente el guión de esta historia, considero que había un exceso de puntos y comas, demasiados personajes secundarios y silencios prolongados entre escena y escena. El éxito de la obra estaba no garantizado desde el minuto uno, pero aún así la produje hasta quedarme literalmente exhausta y seca.

Por eso ahora necesito sentarme al lado de estas margaritas nuevas, porque al ver crecer sus pétalos crecen mis creencias, porque al tocar sus tallos verdes me contagian su dureza y porque al soltar el polen en primavera estornudo una a una todas mis pesadillas y con ellas mis problemas.


martes, 5 de septiembre de 2017

LA ARAÑA QUE LLEVO DENTRO

De la red

Me adentro cada noche en la oscuridad de mis pensamientos y ellos me llevan de viaje a lugares inesperados, adopto forma de animales o seres fantásticos, hablo idiomas que no se escriben o escribo palabras que nunca digo.

Recuerdo aquella vez, no tan lejana en el tiempo, en la que me encontré de repente tejiendo una tela de araña con mis ocho patas bien ocupadas. Se veía que tenía experiencia, pues esa agilidad que presentaba no se consigue de la noche a la mañana. Debo haber sido viuda negra o tarántula en el inconsciente, porque conscientemente nunca hubiera elegido habitar en el cuerpo de ese artrópodo tan repelente.

Pero como siempre intento buscar el lado positivo, empecé a indagar en el fondo oscuro y encontré un montón de trofeos con mi nombre. Parece ser que los tenía guardados en el olvido, creo que por alguna causa que no recuerdo un día debieron dejar de tener sentido.

Poseía el título de Tejedora en Espiral, una especialidad muy cotizada dentro del mundo arácnido, porque exigía una capacidad innata para torcer la seda armoniosamente sin que se quebrara o creciera una baba inesperada.

Otro diploma que llevaba mi nombre era la del récord Guinness que gané por ser la primera en cruzar la meta en aquella locura de carrera. Se trataba de ponerse en las ocho patitas zapatos de tacón de aguja y correr a toda pastilla sin poder doblar ninguna rodilla.

Pero la capacidad que más echo de menos como humana y que poseo cuando pienso que soy una araña es la de ver periféricamente la vida diaria. Desearía no perderme ni un instante de cada día y por las noches, si he de competir corriendo, que sea con zancos y de puntillas.

jueves, 24 de agosto de 2017

CONSECUENCIAS

De la red

Me incitaste a escribirte una carta un día, así de sopetón, sin pensar muy bien lo que decías ni valorar el peso de tu acción.

Debías creer que yo era una simple mortal y que mis palabras no dirían nada nuevo: letras más letras bienquedas, muertas, yacentes sobre una página en blanco. Nada más lejos de la realidad.

Mis frases esconden pequeños tesoros, son como piedras preciosas formando pulseras, collares, cadenas. Una no tiene sentido sin la anterior o la siguiente, van unidas a lo que pienso y dicen mucho más de lo que parece.

Mi trabajo acaba al entregar la carta, Ahora empieza el tuyo: aprender a leer. No como lo hicieron en el colegio cuando eras pequeño, sino a leer entre líneas, sin distraerte, buscando detalles que iluminen tus días o sentencias brutales que te remuevan las tripas.

Me incitaste a escribirte una carta un día, así de sopetón, como el que pide agua en el bar de la esquina pensando que el agua es agua se mire por donde se mire: que cae del cielo, que se arrastra por los ríos, que se envalentona en mares y océanos, que te limpia y también te quita la sed. Aguas que si no son tratadas provocan enfermedades mortales que acaban de golpe con tus ansias de beber.

Cartas, ganas, letras, tesoros, frases, agua, en definitiva, el comienzo de un conocimiento más hondo.

martes, 15 de agosto de 2017

PALABREJA


Soy una palabra que bien pudiera parecer cualquiera, pero yo soy afortunada por estar formada con mis letras, ellas siempre ordenadas, atentas, despiertas. Me tienen preparado el desayuno todas las mañanas y me organizan con precisión mi apretada agenda.

He formado parte de novelas, estoy en conversaciones de amor y hasta en alguna firma de hipoteca. Mi trabajo no es fácil porque como el mejor actor diría, hay que modular la voz, meterse en el papel y estar siempre preparado para actuar de noche o de día. 

Me encanta ser escrita con tinta, lápices o tizas, adornar paredes en la calle o formar parte de los guiones de una vieja serie de policías. Adoro ser nombrada a través de mujeres poderosas, hombres enamorados o niños y niñas que están empezando a ser educados.

Sueño con formar parte de ese viaje de nombre impronunciable del que hablan las palabras viejas. Aquel en el que te plasman rápidamente en un papiro para ser enrollado y en una botella metido. La rapidez de la escritura suele ir acompañada de alguna lágrima furtiva y de una temblorosa caligrafía, pero el deseo de ser leída hará a esa larga o corta travesía la experiencia más increíble de toda una vida.

Dicen que si formas parte de ese exclusivo elenco no volverás a ser la misma, que sufres un cambio interior provocado por la humedad y la sal marina. Que después no serás feliz cuando te toque lidiar en los despachos o estar enmarcada en una glorieta, que eso se quedará chico para cualquier palabreja, aquella que si logra viajar en una botella, sabe que será la única forma de ver el fondo del mar a la vez que mira hacia las estrellas.

martes, 1 de agosto de 2017

DESVIRTUAR


De la red

Me cubriste los ojos con una lente de aumento para que todo lo que enfocaran mis cristalinos tuviera una importancia más que relevante. Y me creí que el mundo era así de bonito.

Pasear agarrados de la mano se ha convertido en mi pasatiempo preferido, noto cómo las pieles se rozan y el equilibrio natural de la vida compensa nuestras temperaturas. Así ninguno de los dos está expuesto a pasar mucho calor o demasiado frío.

Me niego a creer que algún día, quizá próximo, quizá lejano, desearé quedarme con mi calor corporal y no compartirlo. Yo, que sufro desmayos cuando me baja la tensión a los suelos, necesito cada cierto tiempo mi droga de invierno poético. 

Tampoco quiero pensar que tú, que portas una gran corazón de hielo, renuncies a mis veranos tropicales que te salvan de terminar alojado en el congelador de un restaurante noruego. 


La lente de aumento también me provoca que mi visión del futuro sea, a pesar de las previsiones negativas, maravillosa.

Tendremos un hogar sin ruidos donde nos alojaremos fines de semana alternos, uno lo pasaremos con la gente sin lentes, porque necesitamos nuestra dosis de personas corrientes, y otro aislados de todos los peligros, aunque correremos el riesgo de quedarnos eternamente dormidos.