martes, 18 de abril de 2017

PIES ESPÍAS


Me encanta tener que ponerme de puntillas para llegar hasta tu oído y decirte esas palabras que tú y yo nos decimos así, en bajito.

Me gusta estar descalza y tumbarme a descifrar con los dedos de los pies las curvas de tu cuerpo. Cierro los ojos para dibujar carreteras infinitas de idas y venidas, con ríos subterráneos de sangre y cimientos de hueso. 

Deseo entonces ser una caminante perdida que vaga mirando al horizonte dejando señales por donde va pasando, para no cometer el error de volver a repetir el camino andado.

Quiero formar parte de ti durante unos segundos, me acomodo en tu axila y estiro los músculos de mi pequeño cuerpo. Entonces noto un escalofrío tuyo, creo que te hice cosquillas al moverme sin permiso.

Siendo egoísta decido quedarme una noche entera contigo. Entre lo que te dije al oído, el juego de mis dedos y el inesperado estremecimiento, ha crecido a nuestro alrededor una burbuja de jabón neutro. Si nos separamos demasiado, se romperá al instante, esta situación nos obliga a abrazarnos y a besarnos y a tocarnos como si fuéramos casi amantes.

La mañana llega rápido, despierto y vuelvo a ponerme de puntillas, al levantarme alzo los brazos y constato que la burbuja ha crecido en gran medida, ahora podemos movernos, pegar saltos y ofrecer aplausos. 

Hacemos todo eso y me pongo las zapatillas, por hoy ya hicieron su trabajo esos pies traviesos que consiguen lo que se proponen, ahora les toca dirigir los pasos de su dueña para que, en la medida de lo posible, no tropiece con grandes piedras.






miércoles, 22 de marzo de 2017

"CIÉLAME"



Cambié la postura desde dónde mirar a la vida, me tumbé en la arena y resultó sorprendente descubrir que si te pones boca arriba obtenemos información y hasta respuestas.

El cielo azul, que no sabe de muros ni de fronteras, nos rodea en un abrazo infinito sin ejercer presión o clavar huesos picudos. Nos dice que está ahí sin hablar ni hacer ruido, nos mira sin tener ojos, nos oye sin poseer oídos.

De vez en cuando necesita aguzar la mirada y para ello fabrica relámpagos que le ayudan a ver con precisión lo que sucede aquí abajo. Él toma apuntes y por las noches, mientras apaga las luces, intenta buscar soluciones.

Hay mañanas que se despierta vergonzoso, entonces saca del armario sus nubes de moda y, si tiene un buen día se pone el estrato color sepia, pero si se ha levantado con el pie torcido, agarra el nubarrón de borrasca y se tapa desde el cuello hasta el tobillo.

De vez en cuando un avión osa acercarse hasta su mejilla, entonces baja la mirada y observa por las ventanillas. Le cuesta horrores entender por qué la gente está mirando constantemente sus aparatos electrónicos, con el espectáculo que tienen fuera... que se está desperdiciando.

Al oír una canción melosa, suele llorar lagrimones de lluvia embarrada, cuando estornuda manda nieve dispersándola por las montañas, cuando se enfada, los vientos huracanados calman su alma y por las noches, se pone su pijama de estrellas luminosas y activa el despertador de la luna para levantarse temprano a vigilar nuestras vidas.

Y es que no es fácil tu tarea, caelum mihi, "cielarnos" a todos en la misma medida.


jueves, 16 de marzo de 2017

MACEDONIA

De la red

Una tarde calurosa en una ciudad cualquiera, una persona sin nombre decidió hacerse una macedonia bien fresca.

Cortó manzanas, peras, melocotones, ciruelas, añadió zumo de naranja y unas cuantas cerezas. Picó un poquito de hielo, echó una pizca de nata, lo movió todo con mucho cuidado y con gran delicadeza.

Gracias a las manzanas depuró toxinas y eliminó el colesterol. En cuestión de horas se sintió más liviana, más guapa, se puso el bikini de flores y se fue a la playa a tomar el sol.

Las ciruelas, además de estar muy ricas, curaron su anemia y subieron su ánimo. Después de pensarlo un rato se armó de valor y así como si nada lo llamó y él contestó.

Gracias a los melocotones sintió cómo cicatrizaban sus heridas anteriores, su piel creó un pelo muy suave que tentaba ser tocado por conocidos e indeseables. Empezó a desprender un olor tan atrayente que se tuvo que bañar en el mar para oler a algas marinas, en vez de a fruta prohibida.

La pera le ayudó a hacer bien la digestión. Todo lo que le iba pasando aquel día tan surrealista lo iba digiriendo a la velocidad de la luz. No lo pensaba, sólo sentía y sintiendo como lo hacía no pudo evitar un patatús.

Menos mal que la naranja y las cerezas tienen vitamina C y antioxidantes, porque necesitó una Camilla no oxidada para salir de allí llamando la atención. Los facultativos le pusieron hielo en la frente y afortunadamente, reaccionó.

Al despertar se dio cuenta de su fallo, había olvidado poner en su macedonia fruta de la pasión. La ausencia de esa pieza tan pequeña en ese puzzle tan grande, le causó un desmayo pero también la ayudó.


martes, 7 de marzo de 2017

BUM BUM

De la red

Bum bum, bum bum, bum bum... podría sonar así el latido monótono de mi corazón. Sin embargo, de aburrido no tiene nada. Si hurgo dentro y separo bien las capas, encuentro restos y babas, señales de que hasta allí llegan los escombros de los días y sustancias naturales reelaboradas.

Por el ventrículo izquierdo encuentro agua salada. Últimamente visito tanto la playa que una noche sin darme cuenta bebí un sorbo rápido que desapareció como si nada. En este momento entiendo dónde fue a parar, resulta que esa parte de mi corazón estaba deshidratada y ahora gracias al agua está más flexible y gracias a la sal los domingos por la tarde canta y hasta baila salsa.

En la aurícula derecha hallo una rajita de limón sin exprimir. Aunque las señales no son muy claras, creo que se ha quedado a vivir allí para dosificar gotas de zumo ácidas cada vez que mi corazón se empalaga. Es una buena forma de contrarrestar las subidas peligrosas que se dan cuando empiezas a enamorarte o cuando te dan la estacada.

La aurícula izquierda duele, un cactus con varias espinas ha causado muchas úlceras y heridas. Mis recuerdos me trasladan hasta una cocina mexicana y decido freír unos nopales, para que el cactus vea lo que puedo hacer con él si no deja de atacarme.

El ventrículo derecho está amueblado, a estas alturas creo que vive alguien dentro. No quise indagar demasiado porque estaba todo limpio y muy ordenado, para qué voy a cambiar de inquilino si no tengo queja por el perro ladrando o por la humedad del vecino.

¿Pero, qué percibo? De repente veo que un osado saltador pretende lanzarse al vacío.
Mucho me temo que sin coraza de chapa para aguantar las espinas, sin botella de oxígeno para bucear en el agua y sin papilas gustativas extirpadas, no será capaz de llegar vivo hasta la mujer oculta que habita en la casa.

jueves, 23 de febrero de 2017

SINTETIZANDO SUEÑOS

De la red

Anochece fuera y dentro empieza a adornarse la estancia que acogerá la festividad diaria que rodea a los sueños: dulces en vez de piedras, zeppelines en lugar de nubes. Y entre ellos, vestidos con camisones morados, ángeles y angelitas volando, desplumándose las alas a pellizcos o adornándose con flores sus rizos dorados.

Comienza el sueño pasando lista en orden alfabético: tú y yo, la T se nombra primero porque la Y tiene un nombre muy largo, si lo hubiéramos hecho al revés es posible que te hubieras dormido sin soñar por estar demasiado cansado. 

La temática se elige en una gramola donde están reunidos y con títulos en negrita los hechos que acontecieron en el pasado, los sucedidos durante el día e incluso los imaginados por Y con T y los de T con Y y con aquella maleta...

Sin pensárselo dos veces escogieron soñar con la historia más arriesgada e incierta. Los angelitos se llevaron las manos a la boca y fruncieron el ceño, mientras que unas ovejas que pasaban por allí diciendo beeee decidieron cambiarse rápidamente de sueño.

Se quedaron esperando con la única compañía del eco de algunos pasos. Unos se iban y otros se fueron acercando. Decidieron entonces cerrar los ojos, agarrarse las manos y dar un paso adelante para empezar a vivir el sueño que entre los dos habían creado.


lunes, 6 de febrero de 2017

CALL ME

De la red


Casi se quedó ciega de tanto mirarlo, con el paso del tiempo una capa llamada catarata se interpuso entre ellos. No le sirvió de nada comprarse unas gafas graduadas, cerrar los ojos a menudo o rezarle a Santa Lucía los domingos por la mañana.

Fue notando que al teléfono le sucedía algo parecido, se empezó a deslucir, los números mostraban su rebeldía cambiándose de lugar cada semana, poco después desapareció su color natural y el cable se enroscó de tal manera que parecía un tornado en continuo movimiento que hubiera arrasado a cientos y cientos de ciudades y campamentos.

Una noche, así sin esperarlo, el teléfono sonó. Después de buscarlo con las manos, descolgó. 
Al oír su voz decidió cerrar los ojos, las palabras la envolvieron en un manto de calma, se olvidó del pasado, se olvidó del teléfono, recibió un tratamiento intensivo sin necesidad de operaciones o medicamentos.

La conversación fue larga y unidireccional, ella solo escuchaba y sin saberlo las cataratas fueron desapareciendo. 

Cuando colgó y abrió los ojos fue cuando se dio cuenta de los cambios producidos: con la llamada ansiada ella recuperó la vista, pero a cambio su teléfono envejeció más rápido, pudo verle arrugas en las comisuras y cómo el auricular se había gastado a causa de las palabras tan bonitas como corrosivas que hasta ella habían llegado.  

jueves, 19 de enero de 2017

INTERCAMBIO

De la red

Somos dos barcos de papel navegando a la deriva. Fuimos construidos sin planos complejos ni ingenieros de por medio, solo nos doblaron y dieron forma las manos de unos niños que aquel día jugaron a ser capitanes de La Marina.

Tú estás hecho de papel reciclado, eres una mezcla de sucesos pasados que se han lavado, secado y planchado para demostrar al mundo que existen las segundas, terceras o cuartas oportunidades. Navegas erguido gracias a un mástil fuerte que sujeta a dos velas que manejas a tu antojo para elegir tu camino. La derecha te marca el destino, pero te empeñas en virar hacia la izquierda.

Yo salí de aquella casa con agujeros en las velas. Estoy hecha de papel de periódico, tengo la tinta corrida y manchas de café resecas. Me mantengo en el agua porque no he pasado aún por ninguna tormenta, voy siguiendo la luz del sol por el día y por la noche, el brillo de las estrellas.

Mi lienzo está tatuado con cientos y cientos de palabras, tiene titulares, encabezamientos, párrafos y firmas de periodistas que me aportan un aspecto de malota y provoca que no esté muy bien vista.

Tú, sin embargo, tienes cubiertas todas las antiguas noticias, solo asoma alguna letra suelta que te da un toque de distinción casi nobiliaria, por lo que a menudo te rodeas de barcas con medias de seda en sus anclas, extensiones en los timones e implantes en proa y popa, de esos que solo aguantan el peso pluma de un sombrero de copa.

Una madrugada me adelantaste sin previo aviso, una ola hizo que te balancearas y rozaste con tu súper casco mi pequeño casquito. Tuvimos que parar un momento para valorar los desperfectos y resulta que desde entonces desaparecen palabras de mi lienzo y aparecen en el tuyo, rellenando cada hueco.