martes, 18 de septiembre de 2018

CEGUERA TRANSITORIA

De la red
Creo que la contaminación atmosférica que me rodea me provocó una ceguera transitoria. Dejé de ver las cosas con sus arrugas o sus formas y empecé a percibirlas bajo una niebla espesa que tapaba la esencia virginal de la mirada inocente que hasta entonces me acompañaba a donde quiera que miraba u oteaba.

Tuve que apropiarme entonces de una serie de aparatos que hasta entonces me eran desconocidos. Hablo de lupas, anteojos, gafas de pasta, para las cosas pequeñitas microscopios científicos y en las más grandes y complejas, enormes y caros telescopios acertadamente llamados astronómicos.

Esta situación tan engorrosa hizo que me acomplejara a cada paso que daba, en vez de pasar desapercibida las miradas ajenas me apuntaban, o eso intuía, porque iba yo muy centrada mirando donde pisaba o en qué agujero me caía.

Tan cegada, tan caída y tan acomplejada llegué hasta la puerta de un oculista especializado en casos extraños. Había rehabilitado a ciegos que no sabían que veían e incluso le dio visión a cada topo con el que se cruzaba cuando su trabajo se lo permitía.

Fue darme la mano y recuperé un porcentaje medio de visión periférica. Me desprendió con mucho cuidado de los aparatos y pude alzar por fin la cabeza. Me acompañó hasta una colina y me obligó a respirar a pleno pulmón. Fue milagroso, recobré de golpe la vista y además la adornó con confeti y brillantina a todo color.



jueves, 6 de septiembre de 2018

POLVO CÓSMICO

De la red
A unos cuantos angelitos curiosos les dio por revolver el polvo cósmico. Y yo, que últimamente no duermo por las noches a pierna suelta y me paso las horas mirando al cielo, creí ver una lluvia de estrellas furtivas.

Empecé entonces a pedir deseos con nocturnidad y alevosía un poco así a lo loco y curiosamente, según los pedía, se cumplían. Pero de inmediato llegaba el sueño y estuviera donde fuera que estaba dentro de mis deseos, caía rendida y me dormía. 

Todos los pequeños instantes de los que disfrutaba durante la noche por el día se evaporaban. Creo que se produjo el efecto contrario y empecé a notar que cada vez tenía menos deseos matutinos, menos necesidades innecesarias, más momentos simples que me nutrían y me alimentaban.

Fue así como los angelitos se fijaron en mí y después de estudiarme a fondo pasé a ser una candidata perfecta para la próxima temporada de la recolección anual de polvo interestelar, ese que se encuentra entre las estrellas, ese que es tan delicado que si estornudas lo desaceleras. 

Y de momento estoy haciendo las prácticas: texturas, colores, temperaturas, materiales inflamables, riesgos laborales... todo aquello que me sirva para entender mi trabajo y que me ayude a desear deseos concedidos por angelitos alados.

lunes, 27 de agosto de 2018

DE PESTAÑAS CONGELADAS


De la red


Nunca imaginé que el estado de congelación se contagiara. Solo soy una pestaña larga que nació en el ojo izquierdo de una humilde dama. Gracias a que siempre los tenía bien abiertos adquirí una estilosa curvatura que me ayudaba a tener las mejores vistas durante las mañanas. Pero al llegar las noches censuraba el contacto y empecé a desarrollar escarcha en la puntita, dejé de sentir el viento y una rigidez extrema me paralizó hasta la raíz, esa zona tan íntima.

De repente a mis compañeras les fue sucediendo lo mismo, una reacción en cadena que nos convirtió a todas en una copia exacta de las miles de pestañas congeladas que vagaban por el mundo entero.

Con la poca flexibilidad que me quedaba hice un esfuerzo inmenso para intentar encontrar los porqués, que yo supiera no vivíamos ni en el Polo Norte ni en el Polo Sur, de hecho el sol brillaba cuando salíamos a hacer aquellos tours.

Una mañana temprano la dama se preparó un café, llamaron al timbre y al cruzar la puerta apareció él. Se fundieron en un gran abrazo y fue curioso lo que pasó: el hielo desapareció, durante unos leves segundos fue el fuego el que nos recorrió.

Y se cerraron los ojos y se llenaron de sueños. Y se sintieron seguros y se curaron los miedos. Y por arte de magia se instauró el verano desbancando a patadas al duro invierno. 

Pero fue querer hablar de amor y los dos se congelaron. Yo, como pestaña de dama que soy, comprobé en mis propias carnes cómo fue subiendo el frío, cómo nos paralizó y cómo se apagó el fuego y el torbellino.

Dos personas que son capaces de quemarse y de helarse en cuestión de minutos son los mismos que desean una y otra vez pasar por esos estados tan dispares porque son adictivos y únicos. Mientras tanto nosotras jugamos a la nada, al fin y al cabo no somos más que un puñado de pestañas congeladas. 

jueves, 16 de agosto de 2018

AFICIONES

De la red
Me empeñé en bailar descalza y empezaron a dolerme los pies, quise entonces cantar en silencio y emití unos alaridos tan descontrolados que asustaron a mis amigos y provocaron un pequeño seísmo en mi comunidad de vecinos.

Intenté entonces actuar, pero resultó que un alto porcentaje de los personajes a los que interpretaba se quedaban a vivir en mí y tenía días en los que no sabía si llorar desconsoladamente por haber presenciado el final de Romeo y Julieta o reír a carcajadas por haber representado a una Sor en Sister Act III... entonces la gente me miraba y nunca estaba segura de si querían sacarme una fotografía o prestarme consejos para que me dedicara a artes menos corrosivas.

Alquilé después un local y me puse a pintar, acumulé tantos cuadros sin título que un lunes temprano llevaron a cabo un motín y salieron uno tras otro del estudio en busca de nombre y apellidos. Unos eran grandes, otros pequeñitos. 

Decidí finalmente ponerme a escribir y escribí coreografías que bailaron muchas bailarinas. Escribí canciones románticas y alguna que otra con ritmo de bachata. Escribí también guiones en los que dejé parte de mi piel hecha jirones, después los actores los moldeaban a su gusto y yo desaparecía detrás de la pantalla o del escenario, y con ello regresaba el misterio.

Pero nunca fui capaz de redactar los simples títulos de mis pinturas, creo que tuve miedo de identificarlas con mis sentimientos y no quise correr el riesgo de enseñar más de la cuenta o de contar tan explícitamente lo que es el riesgo.


jueves, 2 de agosto de 2018

PLANETEANDO

De la red



Un día recibí un mensaje y enseguida supe que era distinto: palabras precisas, simple caligrafía, puntos y comas que pausaban mis latidos, ausencia de emoticonos que aportaba seriedad a lo pedido.

Y yo solo esperé, a que hubiera una señal en el ambiente, a que mi boca articulara la respuesta, a que se alinearan los planetas que definieran mi destino y quizás hasta mi suerte.

Y esperando se me pasó media vida, con sus cumbres y sus valles, oliendo a mar o a serranía, remendando esos días sin nombre con títulos enmarcados en purpurina.

Hasta que una noche salí dispuesta a colocar el desorden que había en mi cabeza. Tuve dudas, barajé bastantes opciones pero finalmente y con cierta incertidumbre decidí cazar planetas, aunque fuera a trompicones.

Mercurio y Venus se rindieron a mis encantos, al ser tan pequeños y ofrecerles un refrescante helado dejaron de lado al sol y me siguieron como corderos acobardados.

Marte era tan rojo y Júpiter tan gaseoso que por un momento creí haber capturado a un bicho invertebrado con gentilicio "martejupiteriano".

A Saturno fue fácil engancharlo gracias a sus anillos. Urano fue más complicado, apenas tiene luz y se camufló perfectamente entre asteroides y meteoritos. Neptuno por su lado, habita tan lejano, que me costó día y medio identificarlo y localizarlo.

Y aquí me tenéis, pisando La Tierra, a la que tomo como referencia para colocar a mi antojo todos los demás planetas.

miércoles, 11 de julio de 2018

VERANO

De la red
Quiero ser verano toda mi vida. Brillar como el sol muchas horas al día y disfrutar de las noches cálidas desde ahí arriba. 

Ser gota de agua salada del mar más cercano, grano de arena de la playa mejor escondida, incluso quiero ser medusa con tentáculos paralizantes para así poder observar a mi antojo con libertad y pericia.

Deseo ser sandía llena de pepitas, melón con piel de sapo o paraguaya bien aplastadita, tenedor de madera, ensaladilla rusa, gazpacho andaluz o sopa castellana al revés, bien fría.

Sandalia de tiras, sandalia de cuña o sandalia elegante y fina. Laca de uñas de color coral, piedra pómez para eliminar células muertas, tirita de color carne o pezuña de oveja paseando por una florida huerta.

Ser cerveza fresca o tinto de verano, silla de terraza o servilleta en mano. Celebración de tu pueblo, verbena pachanguera, Paquito el chocolatero, fiesta de la espuma y si se me apura, hasta atracción de feria.

Y por último, quiero ser madrugada del mes de julio, canto de pardal joven o ladrido tempranero de perro viejo. Beso suave y abrazo eterno, susurro al oído diciendo "te quiero".



jueves, 28 de junio de 2018

CON BISTURÍ

De la red
Una vez más me prestaste tu bisturí para que me abriera en canal y mirara dentro. Sueles dejarlo al alcance de mi mano de vez en cuando, quieres que no olvide que la introspección duele, que puedes encontrarte con lugares apartados sin buena reputación o con murciélagos rabudos que alimentan a sus crías con la sangre que brota directamente del corazón.

Aquella tarde vi más de lo que quería ver, sentí menos de lo que quería sentir, agradecí a mis adentros por su capacidad de aguante y reprobé a los nervios para que no se repitan los tembleques en los momentos clave.

Como la hoja del bisturí cauterizó la visión periférica, dejé apartado lo mediocre y me centré en una zona donde había mucho movimiento, resulta que algunos órganos se habían reunido en asamblea y discutían en diferentes idiomas... culpa mía, lo sé, últimamente me comunico conmigo misma en lenguas extranjeras.

Pude oír vocecillas agudas queriendo dejar claro que debía tomarme un descanso, pero otras más graves insistían e insistían en seguir con ese ritmo frenético que casi me ha noqueado. 

Lejos de sorprenderme pillé la indirecta enseguida, dejé de mirar adentro y me propuse sentir afuera. Con mucho cuidado cosí la herida, dejé el bisturí a un lado y comencé, por fin, a tomar las riendas.