lunes, 26 de junio de 2017

BE WATER

De la red

Siempre he tenido miedo al agua, aunque domino el arte de desenvolverme entre lo mojado y lo profundo. 

Nunca nadé entre peces de colores ni vi arrecifes de coral in situ. He imaginado su textura y sus destellos, he soñado que buceaba sin compañía y que durante los minutos que duraba el descenso yo sentía, nada más y nada menos, simplemente sentía.

Y de tanto sentir cuando estaba dentro, dejé de sentir afuera. No sé si me explico: no notaba el frío del viento, no sabía si comía dulce o salado, no me importaba pisar ascuas o bailar al revés, era solo vivir por vivir, sin pelos de punta ante un descubrimiento, ni juegos nocturnos de manos y pies.

Deseaba quedarme dormida para descarnarme en vida y volver a latir, con cada metro que avanzaba mis piernas crecían, el pelo se ondulaba y mis ojos vidriosos se aclaraban y limpiaban. Es lo que tiene el agua, que se cuela por la boca y es capaz de llegar hasta las entrañas.

Un día limpiando un armario como he dicho antes, sin sentir, apareció mi hada madrina justo a mi lado. Tenía el ceño fruncido, cruzaba las piernas y las movía, porque llevaba allí sentada días y días, eso me dijo, sin que yo hubiera reparado en su presencia. No estaba acostumbrada a ese tipo de recibimiento, es más, como castigo me suprimió dos deseos y sólo me propuso que se me cumpliera a medias el que pidiera, hasta que tomara cartas en el asunto y solucionara lo del sentir aquí en la tierra.

Me quedé dos noches despierta intentando recobrar lo perdido, pero ni con pellizcos en las mejillas despertaba yo de mi mundo onírico. A la mañana siguiente pedí ser una sirena y, como ella me había dicho, se cumplió pero a medias.

Ahora no puedo vivir fuera del agua, pero sigo teniendo piernas.

lunes, 19 de junio de 2017

SILENCIOSOS REGALOS

De la red


Valoro los detalles pequeñitos más que cualquier otra cosa en el mundo. Adoro los minutos dedicados, esos en los que te miras a los ojos y de tanto mirarte, hasta quedas grabado.

Respiro a pleno pulmón cuando le dedican un piropo a tu pequeño y secreto don, ese en el que destacas por las noches, cuando la ausencia de ruido del entorno te hace hueco y lo tomas como el mayor privilegio de estar vivo: poder oír el sonido del silencio y ser capaz de ponerle letra a la música que vaga huérfana y borracha por las esquinas.

Recuerdo el momento preciso en el que me regalaste el derecho, por mera coincidencia en el tiempo, de ser el cuerpo de apoyo para aquella mariquita desamparada. La traspasaste de tu mano a la mía y ante el cambio de textura quiso salir volando, pero decidió inspeccionar el terreno pisándome con sus pequeñas patas aunque iba cojeando.

Su color tan rojo, sus manchas en las alas, su frágil cuerpo redondo, pero sus ansias de vivirlo todo... Creo que me recordó a mí misma hace unos años, cuando estaba tan desvalida que me sentía minúscula e insectívora. Hasta que alguien me prestó su brazo como apoyo y empecé a descubrir el terreno nuevo, tierras extensas con caminos angostos en las que llevo ya unos años viviendo. 

Sentirte unos minutos u horas a salvo y tener que volver al jardín o a las malas hierbas del campo. Estoy segura de que aquella, nuestra mariquita, quería seguir contando dedos. Me apuesto una de sus antenas a que era, como mínimo, diplomada en magisterio y que sabía leer y escribir los números romanos, que sumaba cifras elevadas y restaba lo sobrante, que te nombraba a Calderón de la Barca, te recitaba poemas de Neruda y que tenía, como mínimo, memoria de elefante.

Me quedo con el maravilloso instante de haberla compartido. Algo que a ojos ajenos pudiera no tener importancia, pero que desde los míos adquirió mucha relevancia.

lunes, 12 de junio de 2017

PERSPECTIVA

De la red

Aquella mañana desperté siendo gigante, mi cuerpo se salía de la cama, el techo me oprimía las costillas, mis dedos se atoraban en las ventanas. Tuve que derribar puertas y bajar de dos saltos las escaleras, vivir en un quinto piso nunca fue tan cómodo para mis enclenques piernas.

Con la primera bocanada de aire fresco me limpié la garganta, intenté pedir ayuda pero nadie me escuchaba. Pasaba desapercibida siendo tan grande y voluminosa, así que aproveché para darme un baño matutino en el embalse, otro por la tarde en el río y acabé tan cansada de agua, que el nocturno lo cambié por comer al aire libre cerezas de los árboles y membrillos maduros caídos.

Observé que con cada zancada que daba mi tamaño crecía, empecé a salirme de la ciudad y terminé por meter la pata en el país vecino, si no controlaba mis movimientos provocaría terremotos catastróficos, mareas alocadas o tsunamis históricos. 

Por lo que opté por el destierro planetario. Con la vista tan privilegiada que tenía del universo elegí el planeta deshabitado más grande que pudiera soportar mi peso y mi tamaño, allí eché raíces y rehíce mi vida con ciertas limitaciones. Eso sí, nunca perdí el contacto con La Tierra...

Resulta que por las noches oía sus ruidos y por las mañanas sus lamentos. Me fui dando cuenta con el paso de los meses que todos cuando andamos vamos creciendo. Y resulta que en ese crecimiento también cuentan los sueños.

La noche previa a despertar como una mujer gigante, soñé tan profundo y tan bonito que crecí de golpe sin previo aviso ni remedio curativo. Al andar en esas circunstancias tan especiales multipliqué el efecto en cantidades industriales. Por lo que mi castigo fue tener el privilegio de cambiar la perspectiva desde donde os veo, el tamaño del planeta y hasta el motivo de mis sueños.


viernes, 12 de mayo de 2017

ARTISTA

De la red


Hace ya un tiempo decidí aislarme del mundo extraño que habita allí abajo, donde las obligaciones físicas y mentales me convirtieron en uno de ellos. Rompí las normas, fui estigmatizada y sin el rabo entre las piernas, huí por caminos cruzando arroyos llenos de piedras.

Arriba no se respiraba bien, pero empecé a encontrarle el lado bueno a la falta de oxígeno: dormía más horas y soñaba infinito, adquirí un tono azulado que me daba un aspecto bohemio poco afeminado. A ratos mi visión se nublaba dando paso a alucinaciones que me asustaban un poco al principio, pero después supe controlarlas y llegué a sacarle cuantiosos beneficios.

Había pocos alimentos por lo que tuve que comerme el miedo, la ansiedad y la angustia. Fueron agotándose poco a poco y aunque al inicio eran un poco indigestos, al final me alimentaban lo justito para mantenerme con vida sin tener que tomar ningún caro suplemento.

Como no dejaba de ver bonitos paisajes, la inspiración llegó. Comencé a pintar escenas complejas sobre las rocas, a escribir poemas con rimas asonantes, ornamenté el tronco de un árbol con piedras y purpurina, me maquillé tan delicadamente que me quité diez años de encima y, como por arte de magia, volví a ser una niña.

Y así fue como elegí ser artista, habiendo ido hacia delante buscando mezclada entre la manada, y habiendo tenido la oportunidad de volver atrás en soledad hallando lo que en ese otro mundo no encontraba.


viernes, 5 de mayo de 2017

GLUP

De la red


Buceando una tarde bajo aguas cristalinas descubrí un rayo de sol que llegaba hasta el fondo. Su punta final tenía una especie de yema arrugada que acariciaba a los corales marinos provocando tiritonas en cadena que los surfistas aprovechaban encantados antes de regresar con sus tablas a la arena.

Los peces que por allí pasaban se ponían su mejor bañador y se tumbaban encima de algas no urticantes para broncear sus escamas y sus aletas, protegiendo con cuidado sus agallas, porque si estas se quemaran dejarían una imborrable huella.

Las medusas que por allí pasaban se empeñaban en comprar gafas oscuras, pero no cayeron en la cuenta de que no tienen orejas, ni de soplillo ni puntiagudas, donde sujetar el artilugio que oscurecería sus mediodías.

Las estrellas de mar envidiaban a los corales, son tan orgullosas y presumidas que no están acostumbradas a pasar desapercibidas. Estiraban sus brazos hasta donde podían anhelando ser tocadas por la yema arrugada. Lo que no sabían era que la luz además de cosquillas, provoca noches en vela y si te duermes, pesadillas.

Los enormes tiburones se pusieron en fila india enseñando los dientes con orgullo. Un blanqueamiento dental gratuito no iba a ser desperdiciado por los escualos cartilaginosos aunque provocara dolor, quemazón, escozor y hasta lloros. 

Como se me acababa el oxígeno, tuve que salir a la superficie de inmediato. Empecé a contar tan contenta todo lo que había visto allí abajo y nadie creyó mi historia por ser demasiado pomposa.
Pero yo sé que fue cierto lo que viví aquella tarde, porque me llevé de recuerdo un par de peces bronceados que van conmigo a todas partes metidos en un globo hinchado y muy bien alimentados.




martes, 18 de abril de 2017

PIES ESPÍAS


Me encanta tener que ponerme de puntillas para llegar hasta tu oído y decirte esas palabras que tú y yo nos decimos así, en bajito.

Me gusta estar descalza y tumbarme a descifrar con los dedos de los pies las curvas de tu cuerpo. Cierro los ojos para dibujar carreteras infinitas de idas y venidas, con ríos subterráneos de sangre y cimientos de hueso. 

Deseo entonces ser una caminante perdida que vaga mirando al horizonte dejando señales por donde va pasando, para no cometer el error de volver a repetir el camino andado.

Quiero formar parte de ti durante unos segundos, me acomodo en tu axila y estiro los músculos de mi pequeño cuerpo. Entonces noto un escalofrío tuyo, creo que te hice cosquillas al moverme sin permiso.

Siendo egoísta decido quedarme una noche entera contigo. Entre lo que te dije al oído, el juego de mis dedos y el inesperado estremecimiento, ha crecido a nuestro alrededor una burbuja de jabón neutro. Si nos separamos demasiado, se romperá al instante, esta situación nos obliga a abrazarnos y a besarnos y a tocarnos como si fuéramos casi amantes.

La mañana llega rápido, despierto y vuelvo a ponerme de puntillas, al levantarme alzo los brazos y constato que la burbuja ha crecido en gran medida, ahora podemos movernos, pegar saltos y ofrecer aplausos. 

Hacemos todo eso y me pongo las zapatillas, por hoy ya hicieron su trabajo esos pies traviesos que consiguen lo que se proponen, ahora les toca dirigir los pasos de su dueña para que, en la medida de lo posible, no tropiece con grandes piedras.






miércoles, 22 de marzo de 2017

"CIÉLAME"



Cambié la postura desde dónde mirar a la vida, me tumbé en la arena y resultó sorprendente descubrir que si te pones boca arriba obtenemos información y hasta respuestas.

El cielo azul, que no sabe de muros ni de fronteras, nos rodea en un abrazo infinito sin ejercer presión o clavar huesos picudos. Nos dice que está ahí sin hablar ni hacer ruido, nos mira sin tener ojos, nos oye sin poseer oídos.

De vez en cuando necesita aguzar la mirada y para ello fabrica relámpagos que le ayudan a ver con precisión lo que sucede aquí abajo. Él toma apuntes y por las noches, mientras apaga las luces, intenta buscar soluciones.

Hay mañanas que se despierta vergonzoso, entonces saca del armario sus nubes de moda y, si tiene un buen día se pone el estrato color sepia, pero si se ha levantado con el pie torcido, agarra el nubarrón de borrasca y se tapa desde el cuello hasta el tobillo.

De vez en cuando un avión osa acercarse hasta su mejilla, entonces baja la mirada y observa por las ventanillas. Le cuesta horrores entender por qué la gente está mirando constantemente sus aparatos electrónicos, con el espectáculo que tienen fuera... que se está desperdiciando.

Al oír una canción melosa, suele llorar lagrimones de lluvia embarrada, cuando estornuda manda nieve dispersándola por las montañas, cuando se enfada, los vientos huracanados calman su alma y por las noches, se pone su pijama de estrellas luminosas y activa el despertador de la luna para levantarse temprano a vigilar nuestras vidas.

Y es que no es fácil tu tarea, caelum mihi, "cielarnos" a todos en la misma medida.