lunes, 13 de noviembre de 2017

ALAS PARA SOÑAR

De la red

Llévame contigo de viaje, prometo portarme bien. Suelo ponerle pegas a quedarnos parados, pero por lo demás, no protestaré.

Si vamos en avión estaré encantada: volar como los pájaros pero sin alas. Atravesar las nubes sin poseer una ubicación exacta, perdernos en este mundo tan grande que lo tiene todo sin tener nada.

Dormiremos sin sueños, porque el sueño es ahora verdadero, pero nos abrazaremos tanto por las noches que por la mañana nuestros huesos sentirán intensos dolores. No quieren separarse porque sus células comparten secretos indiscretos, shhhh, silenciosos misterios tallados en claves óseas cubiertas de carne y músculos, piel y pelo, sudor y ropas.

Nos dejaremos llevar cuando atravesemos los ríos más peligrosos del planeta, bailaremos bajo la lluvia de los tifones, nos cogeremos de la mano cuando los terremotos nos derrumben, retaremos con la mirada a búfalos, tigres o leones.

Escribiré un diario centrándome en las sensaciones, metiendo el dedo hasta encontrar a las palabras latiendo. Diseccionaré por partes para descifrar tus silencios y mis pesares. Auscultaré los suspiros, secaré los sollozos, te leeré un cuento chino con final apoteósico.

Por cierto, la vuelta será desprogramada, estoy intentando con todas mis fuerzas que no sea posible acatarla .

viernes, 3 de noviembre de 2017

MI TIEMPO

De la red

Mi reloj pierde las horas, creo que se están asustando de vivir conmigo. Hace semanas que los minutos se camuflan entre segundos pasados de tiempo.

Y es que el paso de este último, el tiempo, apaga el color de las fachadas, agrieta a los bancos callejeros, nos encoge unos milímetros la estatura, arruga nuestra piel y nuestro pensamiento.

Todas las horas perdidas se juntan de vez en cuando en locales con mala fama, portando en sus muñecas y cuellos minutos de oro viejo. Les da por beber vino tempranillo por aquello de los recuerdos y juegan a la gallinita ciega con una cuenta atrás de por medio.

En aquel local se encuentran con relojes de arena y relojes de sol tristemente abandonados, ellos añoran los tiempos dorados en los que para ser útil las agujas no eran un requisito necesario. Observan a las horas con cierto grado de nostalgia y mucha rabia contenida, ellas ya existían hace miles y miles de años, sin embargo ellos son más actuales y ya están desactualizados. 

Pero las horas perdidas también sufren cuando llega lo oscuro, nadie las cubre con sábanas o mantas, nadie las besa, nadie les desea las buenas noches. Y si tienen pesadillas se van del sueño, tienden a abandonar todo lo que les perjudica, quizá ese sea el gran  secreto.

jueves, 12 de octubre de 2017

¡ACHÍS!

De la red
Estoy aquí, sentada al sol, mirando directamente a los ojos de nadie.

Hasta el eco se fue, ni siquiera el zumbido de las abejas fabricando miel obtienen sonido de vuelta en esta, mi naturaleza. La tierra huele a piel, sus poros son mis huellas, los caminos pronunciados las cicatrices de mi vida, de la tuya y de la nuestra. 

Recorro una y otra vez mentalmente el guión de esta historia, considero que había un exceso de puntos y comas, demasiados personajes secundarios y silencios prolongados entre escena y escena. El éxito de la obra estaba no garantizado desde el minuto uno, pero aún así la produje hasta quedarme literalmente exhausta y seca.

Por eso ahora necesito sentarme al lado de estas margaritas nuevas, porque al ver crecer sus pétalos crecen mis creencias, porque al tocar sus tallos verdes me contagian su dureza y porque al soltar el polen en primavera estornudo una a una todas mis pesadillas y con ellas mis problemas.


martes, 5 de septiembre de 2017

LA ARAÑA QUE LLEVO DENTRO

De la red

Me adentro cada noche en la oscuridad de mis pensamientos y ellos me llevan de viaje a lugares inesperados, adopto forma de animales o seres fantásticos, hablo idiomas que no se escriben o escribo palabras que nunca digo.

Recuerdo aquella vez, no tan lejana en el tiempo, en la que me encontré de repente tejiendo una tela de araña con mis ocho patas bien ocupadas. Se veía que tenía experiencia, pues esa agilidad que presentaba no se consigue de la noche a la mañana. Debo haber sido viuda negra o tarántula en el inconsciente, porque conscientemente nunca hubiera elegido habitar en el cuerpo de ese artrópodo tan repelente.

Pero como siempre intento buscar el lado positivo, empecé a indagar en el fondo oscuro y encontré un montón de trofeos con mi nombre. Parece ser que los tenía guardados en el olvido, creo que por alguna causa que no recuerdo un día debieron dejar de tener sentido.

Poseía el título de Tejedora en Espiral, una especialidad muy cotizada dentro del mundo arácnido, porque exigía una capacidad innata para torcer la seda armoniosamente sin que se quebrara o creciera una baba inesperada.

Otro diploma que llevaba mi nombre era la del récord Guinness que gané por ser la primera en cruzar la meta en aquella locura de carrera. Se trataba de ponerse en las ocho patitas zapatos de tacón de aguja y correr a toda pastilla sin poder doblar ninguna rodilla.

Pero la capacidad que más echo de menos como humana y que poseo cuando pienso que soy una araña es la de ver periféricamente la vida diaria. Desearía no perderme ni un instante de cada día y por las noches, si he de competir corriendo, que sea con zancos y de puntillas.

jueves, 24 de agosto de 2017

CONSECUENCIAS

De la red

Me incitaste a escribirte una carta un día, así de sopetón, sin pensar muy bien lo que decías ni valorar el peso de tu acción.

Debías creer que yo era una simple mortal y que mis palabras no dirían nada nuevo: letras más letras bienquedas, muertas, yacentes sobre una página en blanco. Nada más lejos de la realidad.

Mis frases esconden pequeños tesoros, son como piedras preciosas formando pulseras, collares, cadenas. Una no tiene sentido sin la anterior o la siguiente, van unidas a lo que pienso y dicen mucho más de lo que parece.

Mi trabajo acaba al entregar la carta, Ahora empieza el tuyo: aprender a leer. No como lo hicieron en el colegio cuando eras pequeño, sino a leer entre líneas, sin distraerte, buscando detalles que iluminen tus días o sentencias brutales que te remuevan las tripas.

Me incitaste a escribirte una carta un día, así de sopetón, como el que pide agua en el bar de la esquina pensando que el agua es agua se mire por donde se mire: que cae del cielo, que se arrastra por los ríos, que se envalentona en mares y océanos, que te limpia y también te quita la sed. Aguas que si no son tratadas provocan enfermedades mortales que acaban de golpe con tus ansias de beber.

Cartas, ganas, letras, tesoros, frases, agua, en definitiva, el comienzo de un conocimiento más hondo.

martes, 15 de agosto de 2017

PALABREJA


Soy una palabra que bien pudiera parecer cualquiera, pero yo soy afortunada por estar formada con mis letras, ellas siempre ordenadas, atentas, despiertas. Me tienen preparado el desayuno todas las mañanas y me organizan con precisión mi apretada agenda.

He formado parte de novelas, estoy en conversaciones de amor y hasta en alguna firma de hipoteca. Mi trabajo no es fácil porque como el mejor actor diría, hay que modular la voz, meterse en el papel y estar siempre preparado para actuar de noche o de día. 

Me encanta ser escrita con tinta, lápices o tizas, adornar paredes en la calle o formar parte de los guiones de una vieja serie de policías. Adoro ser nombrada a través de mujeres poderosas, hombres enamorados o niños y niñas que están empezando a ser educados.

Sueño con formar parte de ese viaje de nombre impronunciable del que hablan las palabras viejas. Aquel en el que te plasman rápidamente en un papiro para ser enrollado y en una botella metido. La rapidez de la escritura suele ir acompañada de alguna lágrima furtiva y de una temblorosa caligrafía, pero el deseo de ser leída hará a esa larga o corta travesía la experiencia más increíble de toda una vida.

Dicen que si formas parte de ese exclusivo elenco no volverás a ser la misma, que sufres un cambio interior provocado por la humedad y la sal marina. Que después no serás feliz cuando te toque lidiar en los despachos o estar enmarcada en una glorieta, que eso se quedará chico para cualquier palabreja, aquella que si logra viajar en una botella, sabe que será la única forma de ver el fondo del mar a la vez que mira hacia las estrellas.

martes, 1 de agosto de 2017

DESVIRTUAR


De la red

Me cubriste los ojos con una lente de aumento para que todo lo que enfocaran mis cristalinos tuviera una importancia más que relevante. Y me creí que el mundo era así de bonito.

Pasear agarrados de la mano se ha convertido en mi pasatiempo preferido, noto cómo las pieles se rozan y el equilibrio natural de la vida compensa nuestras temperaturas. Así ninguno de los dos está expuesto a pasar mucho calor o demasiado frío.

Me niego a creer que algún día, quizá próximo, quizá lejano, desearé quedarme con mi calor corporal y no compartirlo. Yo, que sufro desmayos cuando me baja la tensión a los suelos, necesito cada cierto tiempo mi droga de invierno poético. 

Tampoco quiero pensar que tú, que portas una gran corazón de hielo, renuncies a mis veranos tropicales que te salvan de terminar alojado en el congelador de un restaurante noruego. 


La lente de aumento también me provoca que mi visión del futuro sea, a pesar de las previsiones negativas, maravillosa.

Tendremos un hogar sin ruidos donde nos alojaremos fines de semana alternos, uno lo pasaremos con la gente sin lentes, porque necesitamos nuestra dosis de personas corrientes, y otro aislados de todos los peligros, aunque correremos el riesgo de quedarnos eternamente dormidos.


lunes, 17 de julio de 2017

HUESOS

De la red

Quiero desnudarte. Te he visto tantas veces sin ropa que ya va siendo hora de que cubras un poco tu cuerpo. Pudiera parecer una incongruencia unida a reproche, pero solo es un lamento matutino que pretende alcanzar un determinado objetivo.

Y es que desabotonarte la camisa nunca fue especialmente difícil, pero yo no buscaba eso. Yo desnudo con calma, quitando capas y capas hasta tocar primero músculo y después hueso.

Tardé muchos meses en desprenderte de tu armadura cargada de celos. Te pesaba tanto que cuando me mirabas no veías lo inservible que iba a ser ella conmigo. No soy tuya, no soy suya, no somos propiedades privadas ni pretendo tener tus ojos clavados siempre en la parte baja de mi espalda o en mi ombligo.

Creo que gané a pulso deshacerme de aquella gran masa de desconfianza. Por las noches cuando dormías cogía mi cincel y el martillo y poco a poco conseguí quitarle los nudos y darle forma de piel bronceada, con sus pecas y sus arrugas estudiadas. Resulta curioso comprobar que desde entonces vivimos nuestros días de forma relajada, tú no desconfías y yo duermo del tirón casi hasta mediodía.

Ahora estoy atareada con tu capa de miedo, he intentado casi todo para ahuyentarla, desde asustarla con arañas peludas a ponerme una sábana blanca...pero esos animales no te dan pánico y a los fantasmas, lamentablemente, estás acostumbrado.

Reitero, yo seguiré desnudándote hasta llegar a tus huesos, quiero comprobar si los dos tenemos la misma fuerza de voluntad, idénticas tibias y semejantes heridas y fragmentos.


miércoles, 5 de julio de 2017

SABIAS TEMPESTADES

De la red


Estaba sentada mirando al infinito e intentando ordenarlo de arriba abajo cuando la tormenta se acercó. Por suerte tenía un paraguas a mano de mi color favorito y como me tapó lo imprescindible sin quejarse por el mal tiempo, yo lo sujeté con orgullo y tesón.

De repente el infinito dejó de existir y ante mí se mostró el "aquí y ahora", el "momento", el "soy yo". A una distancia de tres metros en línea recta se acababa el espacio, pero si intentabas llegar hasta el fondo, un precipicio muy hondo te lo impedía de inmediato.

Tan cerca y tan lejos, tan tú y tan yo.

Empezaron a sonar truenos y a verse relámpagos por todas partes, las aves huían volando como podían, los roedores se metieron en diferentes agujeros, los insectos dejaron de picarme y, acobardados, se escondieron.

Aguanté el chaparrón y después admiré el paisaje que ante mí se mostró: cientos y cientos de gotas formando nubes negras que se golpeaban unas a otras intentando hacerse un hueco entre la poblada selva.

Y entonces lo vi claro: en la espesura de lo denso no es posible crear nada estable. Los relámpagos te despiertan de los sueños y con los truenos dormir de nuevo no es viable. El aleteo de los pájaros te llena de plumas la cabeza y poseer un paraguas rojo implica tener que encontrar uno azul para completar el equilibrio que haga que la tempestad desaparezca.


lunes, 26 de junio de 2017

BE WATER

De la red

Siempre he tenido miedo al agua, aunque domino el arte de desenvolverme entre lo mojado y lo profundo. 

Nunca nadé entre peces de colores ni vi arrecifes de coral in situ. He imaginado su textura y sus destellos, he soñado que buceaba sin compañía y que durante los minutos que duraba el descenso yo sentía, nada más y nada menos, simplemente sentía.

Y de tanto sentir cuando estaba dentro, dejé de sentir afuera. No sé si me explico: no notaba el frío del viento, no sabía si comía dulce o salado, no me importaba pisar ascuas o bailar al revés, era solo vivir por vivir, sin pelos de punta ante un descubrimiento, ni juegos nocturnos de manos y pies.

Deseaba quedarme dormida para descarnarme en vida y volver a latir, con cada metro que avanzaba mis piernas crecían, el pelo se ondulaba y mis ojos vidriosos se aclaraban y limpiaban. Es lo que tiene el agua, que se cuela por la boca y es capaz de llegar hasta las entrañas.

Un día limpiando un armario como he dicho antes, sin sentir, apareció mi hada madrina justo a mi lado. Tenía el ceño fruncido, cruzaba las piernas y las movía, porque llevaba allí sentada días y días, eso me dijo, sin que yo hubiera reparado en su presencia. No estaba acostumbrada a ese tipo de recibimiento, es más, como castigo me suprimió dos deseos y sólo me propuso que se me cumpliera a medias el que pidiera, hasta que tomara cartas en el asunto y solucionara lo del sentir aquí en la tierra.

Me quedé dos noches despierta intentando recobrar lo perdido, pero ni con pellizcos en las mejillas despertaba yo de mi mundo onírico. A la mañana siguiente pedí ser una sirena y, como ella me había dicho, se cumplió pero a medias.

Ahora no puedo vivir fuera del agua, pero sigo teniendo piernas.

lunes, 19 de junio de 2017

SILENCIOSOS REGALOS

De la red


Valoro los detalles pequeñitos más que cualquier otra cosa en el mundo. Adoro los minutos dedicados, esos en los que te miras a los ojos y de tanto mirarte, hasta quedas grabado.

Respiro a pleno pulmón cuando le dedican un piropo a tu pequeño y secreto don, ese en el que destacas por las noches, cuando la ausencia de ruido del entorno te hace hueco y lo tomas como el mayor privilegio de estar vivo: poder oír el sonido del silencio y ser capaz de ponerle letra a la música que vaga huérfana y borracha por las esquinas.

Recuerdo el momento preciso en el que me regalaste el derecho, por mera coincidencia en el tiempo, de ser el cuerpo de apoyo para aquella mariquita desamparada. La traspasaste de tu mano a la mía y ante el cambio de textura quiso salir volando, pero decidió inspeccionar el terreno pisándome con sus pequeñas patas aunque iba cojeando.

Su color tan rojo, sus manchas en las alas, su frágil cuerpo redondo, pero sus ansias de vivirlo todo... Creo que me recordó a mí misma hace unos años, cuando estaba tan desvalida que me sentía minúscula e insectívora. Hasta que alguien me prestó su brazo como apoyo y empecé a descubrir el terreno nuevo, tierras extensas con caminos angostos en las que llevo ya unos años viviendo. 

Sentirte unos minutos u horas a salvo y tener que volver al jardín o a las malas hierbas del campo. Estoy segura de que aquella, nuestra mariquita, quería seguir contando dedos. Me apuesto una de sus antenas a que era, como mínimo, diplomada en magisterio y que sabía leer y escribir los números romanos, que sumaba cifras elevadas y restaba lo sobrante, que te nombraba a Calderón de la Barca, te recitaba poemas de Neruda y que tenía, como mínimo, memoria de elefante.

Me quedo con el maravilloso instante de haberla compartido. Algo que a ojos ajenos pudiera no tener importancia, pero que desde los míos adquirió mucha relevancia.

lunes, 12 de junio de 2017

PERSPECTIVA

De la red

Aquella mañana desperté siendo gigante, mi cuerpo se salía de la cama, el techo me oprimía las costillas, mis dedos se atoraban en las ventanas. Tuve que derribar puertas y bajar de dos saltos las escaleras, vivir en un quinto piso nunca fue tan cómodo para mis enclenques piernas.

Con la primera bocanada de aire fresco me limpié la garganta, intenté pedir ayuda pero nadie me escuchaba. Pasaba desapercibida siendo tan grande y voluminosa, así que aproveché para darme un baño matutino en el embalse, otro por la tarde en el río y acabé tan cansada de agua, que el nocturno lo cambié por comer al aire libre cerezas de los árboles y membrillos maduros caídos.

Observé que con cada zancada que daba mi tamaño crecía, empecé a salirme de la ciudad y terminé por meter la pata en el país vecino, si no controlaba mis movimientos provocaría terremotos catastróficos, mareas alocadas o tsunamis históricos. 

Por lo que opté por el destierro planetario. Con la vista tan privilegiada que tenía del universo elegí el planeta deshabitado más grande que pudiera soportar mi peso y mi tamaño, allí eché raíces y rehíce mi vida con ciertas limitaciones. Eso sí, nunca perdí el contacto con La Tierra...

Resulta que por las noches oía sus ruidos y por las mañanas sus lamentos. Me fui dando cuenta con el paso de los meses que todos cuando andamos vamos creciendo. Y resulta que en ese crecimiento también cuentan los sueños.

La noche previa a despertar como una mujer gigante, soñé tan profundo y tan bonito que crecí de golpe sin previo aviso ni remedio curativo. Al andar en esas circunstancias tan especiales multipliqué el efecto en cantidades industriales. Por lo que mi castigo fue tener el privilegio de cambiar la perspectiva desde donde os veo, el tamaño del planeta y hasta el motivo de mis sueños.


viernes, 12 de mayo de 2017

ARTISTA

De la red


Hace ya un tiempo decidí aislarme del mundo extraño que habita allí abajo, donde las obligaciones físicas y mentales me convirtieron en uno de ellos. Rompí las normas, fui estigmatizada y sin el rabo entre las piernas, huí por caminos cruzando arroyos llenos de piedras.

Arriba no se respiraba bien, pero empecé a encontrarle el lado bueno a la falta de oxígeno: dormía más horas y soñaba infinito, adquirí un tono azulado que me daba un aspecto bohemio poco afeminado. A ratos mi visión se nublaba dando paso a alucinaciones que me asustaban un poco al principio, pero después supe controlarlas y llegué a sacarle cuantiosos beneficios.

Había pocos alimentos por lo que tuve que comerme el miedo, la ansiedad y la angustia. Fueron agotándose poco a poco y aunque al inicio eran un poco indigestos, al final me alimentaban lo justito para mantenerme con vida sin tener que tomar ningún caro suplemento.

Como no dejaba de ver bonitos paisajes, la inspiración llegó. Comencé a pintar escenas complejas sobre las rocas, a escribir poemas con rimas asonantes, ornamenté el tronco de un árbol con piedras y purpurina, me maquillé tan delicadamente que me quité diez años de encima y, como por arte de magia, volví a ser una niña.

Y así fue como elegí ser artista, habiendo ido hacia delante buscando mezclada entre la manada, y habiendo tenido la oportunidad de volver atrás en soledad hallando lo que en ese otro mundo no encontraba.


viernes, 5 de mayo de 2017

GLUP

De la red


Buceando una tarde bajo aguas cristalinas descubrí un rayo de sol que llegaba hasta el fondo. Su punta final tenía una especie de yema arrugada que acariciaba a los corales marinos provocando tiritonas en cadena que los surfistas aprovechaban encantados antes de regresar con sus tablas a la arena.

Los peces que por allí pasaban se ponían su mejor bañador y se tumbaban encima de algas no urticantes para broncear sus escamas y sus aletas, protegiendo con cuidado sus agallas, porque si estas se quemaran dejarían una imborrable huella.

Las medusas que por allí pasaban se empeñaban en comprar gafas oscuras, pero no cayeron en la cuenta de que no tienen orejas, ni de soplillo ni puntiagudas, donde sujetar el artilugio que oscurecería sus mediodías.

Las estrellas de mar envidiaban a los corales, son tan orgullosas y presumidas que no están acostumbradas a pasar desapercibidas. Estiraban sus brazos hasta donde podían anhelando ser tocadas por la yema arrugada. Lo que no sabían era que la luz además de cosquillas, provoca noches en vela y si te duermes, pesadillas.

Los enormes tiburones se pusieron en fila india enseñando los dientes con orgullo. Un blanqueamiento dental gratuito no iba a ser desperdiciado por los escualos cartilaginosos aunque provocara dolor, quemazón, escozor y hasta lloros. 

Como se me acababa el oxígeno, tuve que salir a la superficie de inmediato. Empecé a contar tan contenta todo lo que había visto allí abajo y nadie creyó mi historia por ser demasiado pomposa.
Pero yo sé que fue cierto lo que viví aquella tarde, porque me llevé de recuerdo un par de peces bronceados que van conmigo a todas partes metidos en un globo hinchado y muy bien alimentados.




martes, 18 de abril de 2017

PIES ESPÍAS


Me encanta tener que ponerme de puntillas para llegar hasta tu oído y decirte esas palabras que tú y yo nos decimos así, en bajito.

Me gusta estar descalza y tumbarme a descifrar con los dedos de los pies las curvas de tu cuerpo. Cierro los ojos para dibujar carreteras infinitas de idas y venidas, con ríos subterráneos de sangre y cimientos de hueso. 

Deseo entonces ser una caminante perdida que vaga mirando al horizonte dejando señales por donde va pasando, para no cometer el error de volver a repetir el camino andado.

Quiero formar parte de ti durante unos segundos, me acomodo en tu axila y estiro los músculos de mi pequeño cuerpo. Entonces noto un escalofrío tuyo, creo que te hice cosquillas al moverme sin permiso.

Siendo egoísta decido quedarme una noche entera contigo. Entre lo que te dije al oído, el juego de mis dedos y el inesperado estremecimiento, ha crecido a nuestro alrededor una burbuja de jabón neutro. Si nos separamos demasiado, se romperá al instante, esta situación nos obliga a abrazarnos y a besarnos y a tocarnos como si fuéramos casi amantes.

La mañana llega rápido, despierto y vuelvo a ponerme de puntillas, al levantarme alzo los brazos y constato que la burbuja ha crecido en gran medida, ahora podemos movernos, pegar saltos y ofrecer aplausos. 

Hacemos todo eso y me pongo las zapatillas, por hoy ya hicieron su trabajo esos pies traviesos que consiguen lo que se proponen, ahora les toca dirigir los pasos de su dueña para que, en la medida de lo posible, no tropiece con grandes piedras.






miércoles, 22 de marzo de 2017

"CIÉLAME"



Cambié la postura desde dónde mirar a la vida, me tumbé en la arena y resultó sorprendente descubrir que si te pones boca arriba obtenemos información y hasta respuestas.

El cielo azul, que no sabe de muros ni de fronteras, nos rodea en un abrazo infinito sin ejercer presión o clavar huesos picudos. Nos dice que está ahí sin hablar ni hacer ruido, nos mira sin tener ojos, nos oye sin poseer oídos.

De vez en cuando necesita aguzar la mirada y para ello fabrica relámpagos que le ayudan a ver con precisión lo que sucede aquí abajo. Él toma apuntes y por las noches, mientras apaga las luces, intenta buscar soluciones.

Hay mañanas que se despierta vergonzoso, entonces saca del armario sus nubes de moda y, si tiene un buen día se pone el estrato color sepia, pero si se ha levantado con el pie torcido, agarra el nubarrón de borrasca y se tapa desde el cuello hasta el tobillo.

De vez en cuando un avión osa acercarse hasta su mejilla, entonces baja la mirada y observa por las ventanillas. Le cuesta horrores entender por qué la gente está mirando constantemente sus aparatos electrónicos, con el espectáculo que tienen fuera... que se está desperdiciando.

Al oír una canción melosa, suele llorar lagrimones de lluvia embarrada, cuando estornuda manda nieve dispersándola por las montañas, cuando se enfada, los vientos huracanados calman su alma y por las noches, se pone su pijama de estrellas luminosas y activa el despertador de la luna para levantarse temprano a vigilar nuestras vidas.

Y es que no es fácil tu tarea, caelum mihi, "cielarnos" a todos en la misma medida.


jueves, 16 de marzo de 2017

MACEDONIA

De la red

Una tarde calurosa en una ciudad cualquiera, una persona sin nombre decidió hacerse una macedonia bien fresca.

Cortó manzanas, peras, melocotones, ciruelas, añadió zumo de naranja y unas cuantas cerezas. Picó un poquito de hielo, echó una pizca de nata, lo movió todo con mucho cuidado y con gran delicadeza.

Gracias a las manzanas depuró toxinas y eliminó el colesterol. En cuestión de horas se sintió más liviana, más guapa, se puso el bikini de flores y se fue a la playa a tomar el sol.

Las ciruelas, además de estar muy ricas, curaron su anemia y subieron su ánimo. Después de pensarlo un rato se armó de valor y así como si nada lo llamó y él contestó.

Gracias a los melocotones sintió cómo cicatrizaban sus heridas anteriores, su piel creó un pelo muy suave que tentaba ser tocado por conocidos e indeseables. Empezó a desprender un olor tan atrayente que se tuvo que bañar en el mar para oler a algas marinas, en vez de a fruta prohibida.

La pera le ayudó a hacer bien la digestión. Todo lo que le iba pasando aquel día tan surrealista lo iba digiriendo a la velocidad de la luz. No lo pensaba, sólo sentía y sintiendo como lo hacía no pudo evitar un patatús.

Menos mal que la naranja y las cerezas tienen vitamina C y antioxidantes, porque necesitó una Camilla no oxidada para salir de allí llamando la atención. Los facultativos le pusieron hielo en la frente y afortunadamente, reaccionó.

Al despertar se dio cuenta de su fallo, había olvidado poner en su macedonia fruta de la pasión. La ausencia de esa pieza tan pequeña en ese puzzle tan grande, le causó un desmayo pero también la ayudó.


martes, 7 de marzo de 2017

BUM BUM

De la red

Bum bum, bum bum, bum bum... podría sonar así el latido monótono de mi corazón. Sin embargo, de aburrido no tiene nada. Si hurgo dentro y separo bien las capas, encuentro restos y babas, señales de que hasta allí llegan los escombros de los días y sustancias naturales reelaboradas.

Por el ventrículo izquierdo encuentro agua salada. Últimamente visito tanto la playa que una noche sin darme cuenta bebí un sorbo rápido que desapareció como si nada. En este momento entiendo dónde fue a parar, resulta que esa parte de mi corazón estaba deshidratada y ahora gracias al agua está más flexible y gracias a la sal los domingos por la tarde canta y hasta baila salsa.

En la aurícula derecha hallo una rajita de limón sin exprimir. Aunque las señales no son muy claras, creo que se ha quedado a vivir allí para dosificar gotas de zumo ácidas cada vez que mi corazón se empalaga. Es una buena forma de contrarrestar las subidas peligrosas que se dan cuando empiezas a enamorarte o cuando te dan la estacada.

La aurícula izquierda duele, un cactus con varias espinas ha causado muchas úlceras y heridas. Mis recuerdos me trasladan hasta una cocina mexicana y decido freír unos nopales, para que el cactus vea lo que puedo hacer con él si no deja de atacarme.

El ventrículo derecho está amueblado, a estas alturas creo que vive alguien dentro. No quise indagar demasiado porque estaba todo limpio y muy ordenado, para qué voy a cambiar de inquilino si no tengo queja por el perro ladrando o por la humedad del vecino.

¿Pero, qué percibo? De repente veo que un osado saltador pretende lanzarse al vacío.
Mucho me temo que sin coraza de chapa para aguantar las espinas, sin botella de oxígeno para bucear en el agua y sin papilas gustativas extirpadas, no será capaz de llegar vivo hasta la mujer oculta que habita en la casa.

jueves, 23 de febrero de 2017

SINTETIZANDO SUEÑOS

De la red

Anochece fuera y dentro empieza a adornarse la estancia que acogerá la festividad diaria que rodea a los sueños: dulces en vez de piedras, zeppelines en lugar de nubes. Y entre ellos, vestidos con camisones morados, ángeles y angelitas volando, desplumándose las alas a pellizcos o adornándose con flores sus rizos dorados.

Comienza el sueño pasando lista en orden alfabético: tú y yo, la T se nombra primero porque la Y tiene un nombre muy largo, si lo hubiéramos hecho al revés es posible que te hubieras dormido sin soñar por estar demasiado cansado. 

La temática se elige en una gramola donde están reunidos y con títulos en negrita los hechos que acontecieron en el pasado, los sucedidos durante el día e incluso los imaginados por Y con T y los de T con Y y con aquella maleta...

Sin pensárselo dos veces escogieron soñar con la historia más arriesgada e incierta. Los angelitos se llevaron las manos a la boca y fruncieron el ceño, mientras que unas ovejas que pasaban por allí diciendo beeee decidieron cambiarse rápidamente de sueño.

Se quedaron esperando con la única compañía del eco de algunos pasos. Unos se iban y otros se fueron acercando. Decidieron entonces cerrar los ojos, agarrarse las manos y dar un paso adelante para empezar a vivir el sueño que entre los dos habían creado.


lunes, 6 de febrero de 2017

CALL ME

De la red


Casi se quedó ciega de tanto mirarlo, con el paso del tiempo una capa llamada catarata se interpuso entre ellos. No le sirvió de nada comprarse unas gafas graduadas, cerrar los ojos a menudo o rezarle a Santa Lucía los domingos por la mañana.

Fue notando que al teléfono le sucedía algo parecido, se empezó a deslucir, los números mostraban su rebeldía cambiándose de lugar cada semana, poco después desapareció su color natural y el cable se enroscó de tal manera que parecía un tornado en continuo movimiento que hubiera arrasado a cientos y cientos de ciudades y campamentos.

Una noche, así sin esperarlo, el teléfono sonó. Después de buscarlo con las manos, descolgó. 
Al oír su voz decidió cerrar los ojos, las palabras la envolvieron en un manto de calma, se olvidó del pasado, se olvidó del teléfono, recibió un tratamiento intensivo sin necesidad de operaciones o medicamentos.

La conversación fue larga y unidireccional, ella solo escuchaba y sin saberlo las cataratas fueron desapareciendo. 

Cuando colgó y abrió los ojos fue cuando se dio cuenta de los cambios producidos: con la llamada ansiada ella recuperó la vista, pero a cambio su teléfono envejeció más rápido, pudo verle arrugas en las comisuras y cómo el auricular se había gastado a causa de las palabras tan bonitas como corrosivas que hasta ella habían llegado.  

jueves, 19 de enero de 2017

INTERCAMBIO

De la red

Somos dos barcos de papel navegando a la deriva. Fuimos construidos sin planos complejos ni ingenieros de por medio, solo nos doblaron y dieron forma las manos de unos niños que aquel día jugaron a ser capitanes de La Marina.

Tú estás hecho de papel reciclado, eres una mezcla de sucesos pasados que se han lavado, secado y planchado para demostrar al mundo que existen las segundas, terceras o cuartas oportunidades. Navegas erguido gracias a un mástil fuerte que sujeta a dos velas que manejas a tu antojo para elegir tu camino. La derecha te marca el destino, pero te empeñas en virar hacia la izquierda.

Yo salí de aquella casa con agujeros en las velas. Estoy hecha de papel de periódico, tengo la tinta corrida y manchas de café resecas. Me mantengo en el agua porque no he pasado aún por ninguna tormenta, voy siguiendo la luz del sol por el día y por la noche, el brillo de las estrellas.

Mi lienzo está tatuado con cientos y cientos de palabras, tiene titulares, encabezamientos, párrafos y firmas de periodistas que me aportan un aspecto de malota y provoca que no esté muy bien vista.

Tú, sin embargo, tienes cubiertas todas las antiguas noticias, solo asoma alguna letra suelta que te da un toque de distinción casi nobiliaria, por lo que a menudo te rodeas de barcas con medias de seda en sus anclas, extensiones en los timones e implantes en proa y popa, de esos que solo aguantan el peso pluma de un sombrero de copa.

Una madrugada me adelantaste sin previo aviso, una ola hizo que te balancearas y rozaste con tu súper casco mi pequeño casquito. Tuvimos que parar un momento para valorar los desperfectos y resulta que desde entonces desaparecen palabras de mi lienzo y aparecen en el tuyo, rellenando cada hueco.


miércoles, 11 de enero de 2017

PROPÓSITOS

De la red

Durante un tiempo prolongado no viví. La sangre que recorría mi cuerpo se secó y tuve que recurrir a la savia para poder alimentar a las células que me conforman, ¡tienden a ser caprichosas y no son capaces de tomarse un día libre sin nutrirse, relacionarse o reproducirse!

Deberían ser necesarias las muertes en vida: tener que ponernos detrás de la pantalla y observar, sin más, sin respirar, sin sentir, sin juzgar. Creo que ese simple gesto nos aportaría una visión global de lo que hoy consideramos cada uno de nosotros tan particular.
Volver a la vida sin los filtros que utilizamos para mostrarla al mundo, volver y simplemente ser.

Es curioso, pero echo de menos las miradas tristes, esas que muestran desconcierto y algún grado de miedo interno. Las echo de menos porque disfruto mucho observando el cambio que se produce cuando lo malo pasa y llega lo realmente bueno. Como por arte de magia, lo que era opaco adquiere brillo.

Me miraré en el espejo de vez en cuando y moriré en vida un par de veces al mes. Me alimentaré de savia de encina joven y a ratos de sauce llorón. Actuaré en mi día a día sin filtros ni photoshop.
Limpiaré cada mañana lo opaco con mucha agua y poco jabón. Esperaré el brillo que está por venir con unas bonitas gafas de sol. Viviré lo que me toque intentando encontrarle sentido a lo que no lo tiene y dejando de buscar lo que quedó escondido tras aquel tremendo apagón.