miércoles, 28 de septiembre de 2011

CUENTOS


De pequeñas soñábamos con ser princesas... De esas que estábamos acostumbradas a ver en los cuentos, con sus vestidos largos y vaporosos, con los cabellos rubios, siempre perfectos, con tirabuzones marcados y situados en el lugar exacto.

De esas que tienen los ojos azules, que lloran lágrimas sólo si es por amor, que emanan ilusión si miran por la ventana...

De las que esperaban pacientes la llegada del príncipe azul, porque sabían que era su destino, de las que se pinchaban en la rueca, comían manzanas envenenadas o convivían con enanitos sin mostrar oposición.

Las palabras que leíamos nos transmitían que la vida de esas mujeres estaba centrada en la espera, en la paciencia, en la educación. Quejarse no formaba parte del juego, ¡¡eran princesas!!.

Cierras el libro, te miras en el espejo, coges las tenacillas e intentas construir un tirabuzón que se desmorona, observas que tu melena rubia platino muestra unas raíces negruzcas mezcladas con canas, que tienes las puntas abiertas...

Que ni se percibe el color de tus ojos porque entre las ojeras y una conjuntivitis aguda no queda espacio para albergar ilusión.

Que si miras por la ventana ves al vecino de enfrente y que éste no tiene pinta de príncipe y que no es azul.

Que lo de esperar no lo llevamos muy bien, que la paciencia se nos acaba pronto y que la educación está cotizada.


Por las noches cerramos los ojos y esperamos que sea mañana el día en el que se cruce por nuestro camino una viejecita que nos ofrezca una manzana, deseamos que esté envenenada, deseamos dormir plácidamente hasta que un beso de amor nos despierte y nos muestre que, después de tanta espera, por fin se acabó esa vida solitaria de princesa.

3 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

y es que mucho de los cuentos reproducen estereotipos que perseguían un modelo para someter y controlar a la mujer. No existen príncipes ni princesas, y el insomnio y las ojeras de te dejan marcas día a día, y si te miran nunca se sabe si la sonrisa es franca o es esquiva, o simplemente busca interés... muchos cuentos que nos tragamos, y por si fuera poco, ya no sabemos como saben las manzanas

besos

anuar bolaños dijo...

QUIZÁS

La inminencia de la belleza o su ímpetu
tal vez la sorpresa con que nos alcanza
acaso la contemplación en que nos sume
el vacío prolongado que funda,
su destello y la ceguera posterior
su rumor
y el presentimiento con que nos carcome
quizás también el sigilo y el zarpazo
pero ante todo,
es su invitación hacia la muerte
lo que nos embriaga del amor.

María dijo...

Noel:que sabio eres. Un besazo.

Anuar Bolaños:sin palabras, gracias por la visita. Una maravilla tu blog.