jueves, 19 de noviembre de 2015

ATADURAS


Cuando me compré aquellos zapatos, el dependiente me informó sobre sus cualidades: "son flexibles, transpirables, cómodos y además llevan cordones hechos con fibras de algodón".

...y me los puse aquel primer día. De repente noté que veía el mundo unos tres centímetros más arriba, la perspectiva había cambiado: por primera vez pude distinguir en los escaparates los precios de los pasteles en las baldas de arriba sin tener que ponerme de puntillas, empecé a mirar de frente a las coronillas sin pelo que abundaban por las calles ¡muchas más de las que creía!, y resultó cierto que me costaba mucho menos ir corriendo a todas partes, sin sufrir calambres, dolores o rozaduras incómodas o malignas.

Me acomodé tanto a ellos que al dormir, los pies me los pedían. Llegué a tener sueños extraños, donde me abordaban por las calles sandalias de tiras, bambas vulgares o zapatillas. Se ponían en pie y formaban una cadena inabarcable, se empeñaban en calzarme y después de varios intentos fallidos, al mirar hacia abajo, observaba con asombro cómo mis pies salían corriendo y a mí me dejaban con el problema.

Una mañana, a eso de las ocho y media, pude observar en la calle que mis extraordinarios zapatos dejaban las mismas huellas que los cientos y cientos de pisadas que ya habían pasado antes por allí. 

Intenté alejarme un poco del camino y no fue posible. Creo que es probable que los zapateros introduzcan una especie de imán que se adhiere a unos carriles subterráneos que nos llevan a todos al mismo sitio.

Así que sólo tuve que agacharme para comprobarlo, deshacer con un simple movimiento de los dedos el nudo de los cordones hechos con fibras de algodón, flexionar los pies y hacer el gesto de sacarlos, atreverme a posarlos sobre la tierra sin protegerlos y decidir en cuestión de segundos, el camino que deseaba tomar.

Allí quedaron, en medio del asfalto, sólo espero que nadie caiga en el engaño y que por muy atrayentes que parezcan, no vuelvan a tener dueño fijo, dejadlos que vayan solos por los carriles, que salgan vacíos por las mañanas y procurad por vuestro bien, que regresen por las noches sin compañía.


14 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

me temo que las ataduras sirven para fijar nos.

ponerse calzas es peligroso para los tobillos. Ultimamente hablo mucho de ellos

en cualquier caso, los pies buscan abrigo y por eso es fundamental buscar muy bien el calzado. Por lo visto, te pusiste unas plataformas para estar más alta.

Yo estoy tranquilo por ello, mis zapatillas no llaman la atención y mis huellas son peculiares, por mi manera de meter la pata

alp dijo...

Desde luego las huellas a veces son difíciles de quitar...un saludo desde Murcia....

Juana la Loca dijo...

al final caminamos por las mismas sendas que casi todos, parecemos borregos en este trascurrir de la vida...
yo llevo siempre los zapatos del revés y otra vez disparejos, para poder caminar un poco por otros senderos...
besos.

RECOMENZAR dijo...

Me ha encantado volver a leerte
abrazos

Ingrid Dietrich dijo...

Ayyyyy siempre desmarcándonos de los caminos transitados, de las superficiales vías que nos llevan a los centros comerciales, a las relaciones que no calan, a los rutinarios compromisos forzados... ¡Y cómo cuesta quitarse esos zapatos!

Katrina dijo...

Este texto me ha llegado mucho
A veces la comodidad hipnotiza, la seguridad del camino que todos hacen te hace creer que "es como debería ser"... pero en el fondo sabemos que hay caminos que debemos hacer con los pies descubiertos y deshacerse de las ataduras es el primer paso.

Gracias!

María dijo...

Buena reflexión!

María dijo...

Creo que en parte, depende de nosotros seguirlas o no.
Saludo de vuelta y un beso.

María dijo...

Pues haces bien, aunque duelan los pies...

Besos.

María dijo...

Encantada de tenerte por aquí. Abrazazo.

María dijo...

Lo sabemos muy bien las dos!

Aciertas siempre!! Un besazo!

María dijo...

Sólo es dar un paso fuera del camino establecido y a disfrutar! Lo fácil que parece, verdad????

Un abrazo.

Miguel Ángel Pegarz dijo...

Tiene un bonito aroma a cuento tradicional.

María dijo...

Cuento contado cientos de veces, llevarlo a la práctica es lo que cuesta.

Gracias.