Después del caos ella comenzó a caminar como una más entre las cartas de la baraja. Se aseguró de apropiarse el As, se puso su mejor vestido y con las cicatrices cosidas con prisa y sin precisión, salió a comerse la injusticia de la vida dejando cadáveres vivos clamando su atención.
La jugada llevaba el mando, alguien por ella movía los hilos y pasaba a la acción. Unos días empezaba formando parte de una escalera real y acababa siendo eliminada, otros se pasaba las horas jugando al James Bond.
Ella se acostumbró a guardar los sentimientos y a fingir una perenne actuación. No necesitaba una corona dorada en su cabeza, un brillante en el dedo, un broche o un prendedor; tan solo deseaba poder superar con orgullo las partidas perdidas y ser capaz de sostener su corazón intacto después de cada ciclón.
Entre tréboles, diamantes, picas y corazones aprendió que el secreto no estaba en ganar las partidas, sino en querer seguir buscando la luz en un mundo sombrío lleno de odio y rencor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario