lunes, 21 de septiembre de 2015

APUESTA


La cara:

"¡Apuesto un corazón y me juego también medio bote de pastillas de las que inhiben el sentir!

¡Fíjate que la apuesta es grande! Si no sale bien, habrá días en los que nada me aislará del dolor, correré el peligro de que mis ventrículos y mis aurículas se confundan en sus funciones, mi sangre no reconocerá su camino y quizá me vuelva de color azul...

Y tu color favorito es el rojo...

Y ya no me verás tan atractiva...

Y tendré que cambiar el color de mi ropa, de mi pelo, de mi sombra de ojos y de mi carmín...

Y pareceré una persona enferma que se agarra a sus últimos días de vida con la debilidad de unas uñas azules y quebradizas.

"Todo eso, y mucho más, me juego, todo eso por ti"


La cruz:

"Pon ese corazón tuyo ahí en esa caja, junto a los demás. A ver, déjame que le eche un vistazo así de lejos...

Vaya, tiene mucho brillo y un color muy intenso, ese es de los que laten fuerte y molestan por las noches con su ruido.

Lo que voy a hacer es guardarlo en el desván, allí lo meteré dentro de un saco viejo lleno de trigo, así si rebota cuando se altere, producirá sin mucho esfuerzo palomitas de maíz para nuestras tardes de domingo.

Si se pierde cualquier día, yo no me hago responsable de su búsqueda. Me bastará con abrir el cajón y colocar uno nuevo entre mis sábanas, me aprendo su nombre y como dice el guión, toca actuar"

La cara:

"... pero mi apuesta es muy arriesgada"

La cruz:

"...yo nunca me salgo del guión"

La cara:

"...puedo perder hasta mi corona"

La cruz:

"...fíjate, el que no juega no gana, yo nunca llegue a tener una corona y, sin embargo, creo que ya tengo tu corazón"

10 comentarios:

Carmen Benitez dijo...

Cuenta el poeta Rilke sobre la parábola del hijo pródigo, que el temor del hijo es producir angustia en los demás al darles amor "Difícilmente me convencerán de que la historía del hijo p´rodigo no es la leyenda del que no quería ser amado". Él huye de la casa paterna donde era amado hasta por los perros, y no soportaba la idea de hacer daño a aquellos que por quererle, esperaban algo de él, algo que él no estaba dispuesto a dar, así se propone no amar nunca a nadie para no poner a dicha persona en la difícil situación de ser amado". El amor perfecto para Rilke es el que no pide nada, ni espera nada. Recibir amor es la trampa que somete al amado a unas exigencias que le escalvizan.
Muuuaakkkksss

Carmen Magia dijo...

Muy bueno, muy original...

Hay mucho en juego, y una de las partes parece que no da tanto como le ofrecen...
Eso pasa siempre.

Precioso lo que has escrito. Siempre es un lujo leerte.

Muchos besos.

Noelplebeyo dijo...

No hay que olvidar el comodín

Aparece en las mejores jugadas

De todas maneras, las probabilidades en el juego es directamente proporcional a quien tiene más banca

Y a veces toca el gordo, y te casas con Elvis en Las Vegas

AtHeNeA dijo...

Suele pasar, una de las partes inevitablemente siempre da más.

Hay belleza en la forma y también en el fondo... Porque la belleza es sentir de verdad aun a riesgo de que nos podamos equivocar.

Un abraz✴
♠♥♦

Juana la Loca dijo...

maravilloso.....
yo siempre apuesto a ganar pero casi siempre pierdo....
besos.

María dijo...

Comparto la opinión del amor perfecto para Rilke, no pido nada ni espero nada.

Tenerte, a ti, y compartir estos ratos... Un privilegio.

Besazos

María dijo...

La vida tal cual. Siempre es así, cierto.

Un lujo tenerte como lectora.

Besos.

María dijo...

Todo puede pasar! Lo importante es arriesgarse a jugar.

Un beso

María dijo...

Se trata de sentir... Es bello sólo por sentirse.

Un abrazo.

María dijo...

Sigue apostando, no pierdas la esperanza.

Un abrazo.