viernes, 1 de mayo de 2015

JUNTOS

De la red

Tu interior crujió: porque te apreté muy fuerte, porque puse a prueba tu resistencia, porque por un instante te hice mío, porque la diferencia de temperatura te dio miedo, porque éramos dos seres vivos de diferente especie, y eso que sentimos...no era correcto ni estaba permitido.

Tú, un árbol inmenso, centenario y lleno de sabiduría. Tus raíces se extendían por debajo de la tierra y lograron alcanzar agua de ese arroyo en el que mi cuerpo se mojaba cuando el calor apretaba y yo creía que nadie me veía.

Yo, de carne y hueso, pequeña, perdida...

Probaste mi sabor sin buscarlo, me buscaste desde entonces sin quererlo. Nos unió un lazo invisible, lo sellamos con ese abrazo que hizo desaparecer todos mis complejos y mis miedos.

Yo admiraba ese don que te regaló la madre naturaleza, no dejar nunca de crecer, buscar siempre la luz, poder mantenerte a salvo estando a la intemperie durante los inviernos y las tormentas. Ser capaz de desplegar tus ramas en los días soleados para lucirte orgulloso y para cubrir, si fuera necesario, mi piel blanca y delicada, que se ha sentado junto a mis huesos a los pies de tu apoyo, para leerte un libro que guarda misteriosos cuentos de duendes y hadas.

Tú envidiabas mi libertad de movimiento, la posibilidad de acercarme al fuego, el hecho de poder llorar y de encontrar consuelo, pero sobre todo deseabas poder dormir y soñar sin restricciones, como que tus ramas crecían tanto que algún día podrían rozar el cielo.

Yo te aportaba, tú me nutrías. Éramos uno cuando estábamos juntos, éramos medio cuando la distancia se interponía. 



8 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

Naturaleza.

Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.

Firmado: bonsay

Juana la Loca dijo...

me has recordado a una amiga mía... la enamoró un señor mayor.... casi podría ser su padre.....y él era como el árbol, le proporcionaba seguridad, y él se enamoró de su energía y vitalidad juvenil....
pero todo acabó muy mal... quizá lo cuente un día en mi blog....
besos.

Ingrid Dietrich dijo...

Compartir el alma y la vida... Bella

María dijo...

Jajaja, así que firma Bonsay!

Seguro que da buena sombra a quién se arrime...

María dijo...

Interesante historia. Cuéntala, te leeré encantada.

Besos.

María dijo...

La relación perfecta. Guapa!!

Carmen Magia dijo...

Impresionante texto... Me has tocado el alma porque amo los árboles... Me siento siempre bien cuando estoy entre ellos, tienen toda la magia del mundo.

Precioso...

Muchos besos, bonita.

María dijo...

Los árboles dan cobijo, desprenden energía, nos ponen en contacto con lo que perdimos hace tiempo.

Un besazo.