viernes, 13 de febrero de 2015

EL FARO DE LA SIRENA




La mayor fortuna de las sirenas es que son dueñas de su libertad.

Vivió con esa sensación hasta que el amor llamó a la puerta, de la noche a la mañana se instauró dentro de ella una frontera que acortaba sus brazadas debajo de mar. Perdió la esencia de lo que un día fue y abandonó la idea de realizar esas excursiones en solitario que le servían para descubrir nuevos lugares donde sentarse a admirar todo lo que ella anhelaba conocer.

El faro se lo contaba noche tras noche. Ella salía a la superficie y tapaba el frío de sus hombros con su pelo largo y abundante, colocaba cuidadosamente la cola para no perder ninguna escama, era tremendamente presumida, y esperaba hasta que subía la marea.
Entonces el faro se iluminaba, su luz iba y venía y con ello logró crear un lenguaje único que sólo su sirena sabía interpretar.

Creía ella, gracias a su ingenuidad, que a ratos le guiñaba un ojo, por lo que todo lo que venía detrás lo leía como entrecomillado, dándole después el toque de humor necesario para acabar la jornada esbozando cada día, un nueva y gran sonrisa.

Y caía rendida al amanecer, se dejaba arrastrar por las olas más caprichosas que la empujaban con suavidad hasta lo más profundo del océano, para que una vez allí, pudiera elaborar los sueños a la medida de sus necesidades.

Pasó el tiempo y su mirada se iba apagando, notó que los mensajes que recibía cada noche comenzaban a repetirse, las promesas no llegaban, los proyectos se desvanecían, su pelo perdió brillo y las escamas de la cola se resquebrajaban cuando la rozaban unas simples gambas o los tentáculos de una medusa.

Dejó de acudir a su cita diaria, durante esas horas derramaba litros y litros de lágrimas, lágrimas que al nutrirse de la sal condensada en esas aguas convirtieron al océano en una gran superficie de tonos plateados, en la que la sirena consiguió recordar que no le asusta desgastarse, porque es eterna y sabe que lo que hoy luce semiapagado, mañana brillará, que lo descolocado, se colocará y que las heridas abiertas, terminarán por cerrar.

10 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

starfish. Uno de mis discos fundamentales


Nada como una sirena en cada mar, y desbordando con sus aleteos el torrente de las venas y arterias, que alimentan el corazón.


Las gambas, a la parrilla, y las medusas, alejadas en redes

beso

AtHeNeA dijo...

Nada como ser dueños de nuestra libertad... Aunque a veces tengamos ataduras propias de hechizos y nos aten lazos invisibles a imposibles.

Un abrazo de luz

Juana la Loca dijo...

un cuento maravilloso...
yo estoy de un descreído que ni siquiera me apetece llevar a mi hija a ver pelis de princesas....
se que es una crueldad de mi parte... esperaré que se me pase este amargo momento de mi vida
besos bella

Carmen Magia dijo...

Eso espero, que las herides terminen por cerrar...

Sabes? Siempre me han gustado las sirenas; pero después de leerte me parecen mucho más preciosas...

He ido imaginando todas las escenas, sintiendo lo que ella sentía...

Escribes tan bonito...

Un beso enorme

María dijo...

Pues una de gambas para vos!

;)

María dijo...

La libertad es el secreto... Nosotras lo sabemos.

Abrazo

María dijo...

Los cuentos pueden ayudarnos a creer, a no desfallecer, porque los finales siempre son felices.

No tires la toalla! Abrazo

María dijo...

Las heridas cerrarán y lo de las sirenas... Mágicas, únicas!

Besazo

Ingrid Dietrich dijo...

Bonito cuento con la historia de esa niña que se hace mujer, desde la ilusión hasta la realidad que aunque duele la hace ser más ella.

María dijo...

Todas lo hemos vivido y así crecimos, con dolor pero por el camino correcto.

Abrazazo, mi Carmen.