
Te evaporaste como el humo, ese que te acompañó toda tu vida adulta y del que no pudiste desprenderte por mucho que corrieras en otra dirección.

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| De la red |
¡Qué te parta un rayo! - Me dijeron un día...
...y un rayo me partió. Pudo haberlo hecho en cuatro, pero lo hizo solo en dos.
Por la grieta provocada empezaron a salir los adentros: siluetas deformadas de rencores enquistados, rubores y vergüenzas, miedos y angustias debidamente disfrazados.
Pero lo que no esperaba yo es que las decenas de mariposas que vivían en mi estómago salieran volando sin decir adiós. Pasar, pasó y resultó ser un acto relativamente lento, pero rodeado de un intenso dolor.
Todas abrieron las alas en su máximo esplendor, el problema es que estaban hacinadas y los choques fueron inevitables. Esto me provocó algunas arcadas y poco después comencé a sufrir cientos de calambres.
La mariposa más longeva se paró frente a mis dos partes y sentenció con sus palabras los motivos de su escape:
- "Da mucho vértigo salir de tu tripita, allí el trabajo ha sido placentero y gratificante, pero nos habíamos multiplicado tanto que apenas sentíamos ya las señales más importantes".
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| De la red |
...al pisar una raíz a un helecho se deshizo de sus esporas, estas cayeron al suelo formando una agrupación militar sin igual. Lo más llamativo fueron las formas, de la nada les surgieron unas patitas largas con botas negras bien acordonadas que sabían desfilar.
Del susto me caí hacia atrás y en cuestión de segundos una capa de húmedo musgo envolvió mi cuerpo entero, unas lombrices recorrieron mi pierna izquierda y pequeñas arañas pasearon por mi cabeza. Sufrí ser poblada, pisada, mojada y arañada, eso fue sentirme Tierra.
Me desprendí del musgo con un aspaviento violento y sin querer darme un golpe me choqué con un abeto. Sus piñas cayeron encima de mis hombros y de mi espalda, de donde surgieron dos alas piñoneras que me elevaron hasta la parte más alta.
Desde allí pude diferenciar que el bosque no encantado era ficticio, solo se trataba de un oasis en medio de la playa en el que colarte cuando echas de menos a tus más apreciados amigos.
Fui el conejo al que metieron en la chistera y que salió transformado en paloma. El color lo mantuve impoluto, blanco de novia, pero adquirí pico, alas y una visión más acorde a lo que no estaba acostumbrada.
Viví la experiencia brutal del voluntario que es elegido al azar para ser aserrado por la mitad. Después de ese suceso crecí unos centímetros a lo alto y perdí los michelines de los costados. Nunca un reciclaje fue tan rápido y efectivo, pensé patentarlo pero me dio miedo imaginar un mundo altivo.
También sufrí varias levitaciones frente al público. Pero al pasar el aro para comprobar que no había cuerdas ni cadenas se dieron cuenta de que ese cuerpo estaba hueco, lo que provocó una marea de susurros y casi una demanda por ofrecer un espectáculo tan absurdo.
Finalmente me lanzaron a la calle con nuevo nombre y cinco apellidos, dos para comenzar de cero y tres para recordar solo lo bonito de todo lo anteriormente vivido.
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| De la red |
Me deslizo como una culebrilla ciega reptando sobre vaselina hacia esa grieta tan profunda que emite sonidos agudos y emana olores químicos. Los sucesos que acontecen durante el deslizamiento son tan extraordinarios que podrían ser contados como una historia épica o quizá como un cuento atrevido.
Tomo la decisión de ir hasta allí patinando, no quiero ser la dueña de mis actos. Ellos me transportan a velocidad de crucero mientras que yo me evado oyendo cantar a ruiseñores y a otros pájaros.
Por el camino me topo con varias grietas incipientes: son sinuosas, negruzcas, pegajosas y atrayentes. Dicen que son familiares lejanas de la abertura más famosa del lugar, esa de la que nadie habla, de la que no se sabe el nombre, la que se intenta olvidar.
Al llegar me asomo al precipicio y soy capaz de vislumbrar trozos partidos de recuerdos malignos. Han ido acumulándose al cabo de los años y después, ulcerados, han acabado afectando a algunos órganos que hasta entonces estaban sanos.
Estoy pensando coser la grieta, quizá tirarle una bomba. No sé si será preferible tapar los recuerdos a base de hilo y de aguja o si será mejor volarlos por los aires y que patinen hasta que pierdan la cordura.
Como abeja obrera que soy, metida de lleno en el sindicato, estaba acostumbrada a no pensar más allá de si la calidad del polen libado era directamente proporcional a los metros volados diarios.
Pero un día tormentoso casualmente me metí en un teatro, y después de asustar al personal con mi zumbido amenazante, me posé en el telón y poco a poco fui captando el mensaje: Hamlet se estaba pronunciando.
Desde entonces mi vida en la colmena se fue desbaratando, comencé a interesarme por la reina y terminé peleándome con los zánganos. Una inquietud muy profunda le quitaba espacio al polen recolectado y después de varias semanas sintiéndome intranquila, cogí las maletas y me fui volando.
Primero me contrató una compañía circense, allí solo tenía que hacerle cosquillas a los osos pardos y a los leones. Cuando el domador lo decía les pisaba con mis patitas y acto seguido saltaban como verdaderos saltamontes.
Rescindí mi contrato cuando empezaron a hablar de aguijones, ese bien mío tan preciado y valioso. Salí de allí aprovechando el siroco, apretando mi culito y limpiando mi anteojo.
Después fui actor de doblaje y en poco tiempo gané una mención en algún reportaje. Valoraban mucho mis onomatopeyas y decían que era muy bueno reproduciendo sonidos impropios del ser humano. Pero fui despedido un día en el que mi aguijón asomó un poquito la puntita e hirió al director en la mano.
Decidí entonces hacerme ermitaño. La tentación era grande, el deseo infinito...con gorguera en el cuello y calavera en la mano, comencé a narrar soliloquios con el único objetivo de reflexionar y así calmar mis posibles futuros delitos.
Tendrás que seleccionar cada artículo, algunos pronombres, todos los verbos y varias preposiciones. Después formarás diferentes frases y dependiendo de lo que necesites oír o decir, serán muy pequeñas o más grandes.
Lo positivo de este regalo es que está compuesto por cada una de las palabras bonitas que me regalaste durante todo este tiempo y ahora las tendrás de nuevo tú para que te vayas poco a poco reconstruyendo...
Porque al principio eras un témpano de hielo flotando en el océano Atlántico, te embarcaste en una inesperada travesía peninsular y acabaste deshelando en el Mediterráneo. Ahora hay peligro de que te congeles de nuevo, la niebla ha llegado y quiere tragarte entero.
De ahí mi regalo: si utilizas estas palabras podrás dejar un rastro visible. Así, cuando des paseos nocturnos será imposible que te pierdas entre la bruma, o seremos capaces de localizarte si en algún momento te fallan las fuerzas y necesitas un poquito de ayuda.