lunes, 12 de junio de 2017

PERSPECTIVA

De la red

Aquella mañana desperté siendo gigante, mi cuerpo se salía de la cama, el techo me oprimía las costillas, mis dedos se atoraban en las ventanas. Tuve que derribar puertas y bajar de dos saltos las escaleras, vivir en un quinto piso nunca fue tan cómodo para mis enclenques piernas.

Con la primera bocanada de aire fresco me limpié la garganta, intenté pedir ayuda pero nadie me escuchaba. Pasaba desapercibida siendo tan grande y voluminosa, así que aproveché para darme un baño matutino en el embalse, otro por la tarde en el río y acabé tan cansada de agua, que el nocturno lo cambié por comer al aire libre cerezas de los árboles y membrillos maduros caídos.

Observé que con cada zancada que daba mi tamaño crecía, empecé a salirme de la ciudad y terminé por meter la pata en el país vecino, si no controlaba mis movimientos provocaría terremotos catastróficos, mareas alocadas o tsunamis históricos. 

Por lo que opté por el destierro planetario. Con la vista tan privilegiada que tenía del universo elegí el planeta deshabitado más grande que pudiera soportar mi peso y mi tamaño, allí eché raíces y rehíce mi vida con ciertas limitaciones. Eso sí, nunca perdí el contacto con La Tierra...

Resulta que por las noches oía sus ruidos y por las mañanas sus lamentos. Me fui dando cuenta con el paso de los meses que todos cuando andamos vamos creciendo. Y resulta que en ese crecimiento también cuentan los sueños.

La noche previa a despertar como una mujer gigante, soñé tan profundo y tan bonito que crecí de golpe sin previo aviso ni remedio curativo. Al andar en esas circunstancias tan especiales multipliqué el efecto en cantidades industriales. Por lo que mi castigo fue tener el privilegio de cambiar la perspectiva desde donde os veo, el tamaño del planeta y hasta el motivo de mis sueños.


viernes, 12 de mayo de 2017

ARTISTA

De la red


Hace ya un tiempo decidí aislarme del mundo extraño que habita allí abajo, donde las obligaciones físicas y mentales me convirtieron en uno de ellos. Rompí las normas, fui estigmatizada y sin el rabo entre las piernas, huí por caminos cruzando arroyos llenos de piedras.

Arriba no se respiraba bien, pero empecé a encontrarle el lado bueno a la falta de oxígeno: dormía más horas y soñaba infinito, adquirí un tono azulado que me daba un aspecto bohemio poco afeminado. A ratos mi visión se nublaba dando paso a alucinaciones que me asustaban un poco al principio, pero después supe controlarlas y llegué a sacarle cuantiosos beneficios.

Había pocos alimentos por lo que tuve que comerme el miedo, la ansiedad y la angustia. Fueron agotándose poco a poco y aunque al inicio eran un poco indigestos, al final me alimentaban lo justito para mantenerme con vida sin tener que tomar ningún caro suplemento.

Como no dejaba de ver bonitos paisajes, la inspiración llegó. Comencé a pintar escenas complejas sobre las rocas, a escribir poemas con rimas asonantes, ornamenté el tronco de un árbol con piedras y purpurina, me maquillé tan delicadamente que me quité diez años de encima y, como por arte de magia, volví a ser una niña.

Y así fue como elegí ser artista, habiendo ido hacia delante buscando mezclada entre la manada, y habiendo tenido la oportunidad de volver atrás en soledad hallando lo que en ese otro mundo no encontraba.


viernes, 5 de mayo de 2017

GLUP

De la red


Buceando una tarde bajo aguas cristalinas descubrí un rayo de sol que llegaba hasta el fondo. Su punta final tenía una especie de yema arrugada que acariciaba a los corales marinos provocando tiritonas en cadena que los surfistas aprovechaban encantados antes de regresar con sus tablas a la arena.

Los peces que por allí pasaban se ponían su mejor bañador y se tumbaban encima de algas no urticantes para broncear sus escamas y sus aletas, protegiendo con cuidado sus agallas, porque si estas se quemaran dejarían una imborrable huella.

Las medusas que por allí pasaban se empeñaban en comprar gafas oscuras, pero no cayeron en la cuenta de que no tienen orejas, ni de soplillo ni puntiagudas, donde sujetar el artilugio que oscurecería sus mediodías.

Las estrellas de mar envidiaban a los corales, son tan orgullosas y presumidas que no están acostumbradas a pasar desapercibidas. Estiraban sus brazos hasta donde podían anhelando ser tocadas por la yema arrugada. Lo que no sabían era que la luz además de cosquillas, provoca noches en vela y si te duermes, pesadillas.

Los enormes tiburones se pusieron en fila india enseñando los dientes con orgullo. Un blanqueamiento dental gratuito no iba a ser desperdiciado por los escualos cartilaginosos aunque provocara dolor, quemazón, escozor y hasta lloros. 

Como se me acababa el oxígeno, tuve que salir a la superficie de inmediato. Empecé a contar tan contenta todo lo que había visto allí abajo y nadie creyó mi historia por ser demasiado pomposa.
Pero yo sé que fue cierto lo que viví aquella tarde, porque me llevé de recuerdo un par de peces bronceados que van conmigo a todas partes metidos en un globo hinchado y muy bien alimentados.




martes, 18 de abril de 2017

PIES ESPÍAS


Me encanta tener que ponerme de puntillas para llegar hasta tu oído y decirte esas palabras que tú y yo nos decimos así, en bajito.

Me gusta estar descalza y tumbarme a descifrar con los dedos de los pies las curvas de tu cuerpo. Cierro los ojos para dibujar carreteras infinitas de idas y venidas, con ríos subterráneos de sangre y cimientos de hueso. 

Deseo entonces ser una caminante perdida que vaga mirando al horizonte dejando señales por donde va pasando, para no cometer el error de volver a repetir el camino andado.

Quiero formar parte de ti durante unos segundos, me acomodo en tu axila y estiro los músculos de mi pequeño cuerpo. Entonces noto un escalofrío tuyo, creo que te hice cosquillas al moverme sin permiso.

Siendo egoísta decido quedarme una noche entera contigo. Entre lo que te dije al oído, el juego de mis dedos y el inesperado estremecimiento, ha crecido a nuestro alrededor una burbuja de jabón neutro. Si nos separamos demasiado, se romperá al instante, esta situación nos obliga a abrazarnos y a besarnos y a tocarnos como si fuéramos casi amantes.

La mañana llega rápido, despierto y vuelvo a ponerme de puntillas, al levantarme alzo los brazos y constato que la burbuja ha crecido en gran medida, ahora podemos movernos, pegar saltos y ofrecer aplausos. 

Hacemos todo eso y me pongo las zapatillas, por hoy ya hicieron su trabajo esos pies traviesos que consiguen lo que se proponen, ahora les toca dirigir los pasos de su dueña para que, en la medida de lo posible, no tropiece con grandes piedras.






miércoles, 22 de marzo de 2017

"CIÉLAME"



Cambié la postura desde dónde mirar a la vida, me tumbé en la arena y resultó sorprendente descubrir que si te pones boca arriba obtenemos información y hasta respuestas.

El cielo azul, que no sabe de muros ni de fronteras, nos rodea en un abrazo infinito sin ejercer presión o clavar huesos picudos. Nos dice que está ahí sin hablar ni hacer ruido, nos mira sin tener ojos, nos oye sin poseer oídos.

De vez en cuando necesita aguzar la mirada y para ello fabrica relámpagos que le ayudan a ver con precisión lo que sucede aquí abajo. Él toma apuntes y por las noches, mientras apaga las luces, intenta buscar soluciones.

Hay mañanas que se despierta vergonzoso, entonces saca del armario sus nubes de moda y, si tiene un buen día se pone el estrato color sepia, pero si se ha levantado con el pie torcido, agarra el nubarrón de borrasca y se tapa desde el cuello hasta el tobillo.

De vez en cuando un avión osa acercarse hasta su mejilla, entonces baja la mirada y observa por las ventanillas. Le cuesta horrores entender por qué la gente está mirando constantemente sus aparatos electrónicos, con el espectáculo que tienen fuera... que se está desperdiciando.

Al oír una canción melosa, suele llorar lagrimones de lluvia embarrada, cuando estornuda manda nieve dispersándola por las montañas, cuando se enfada, los vientos huracanados calman su alma y por las noches, se pone su pijama de estrellas luminosas y activa el despertador de la luna para levantarse temprano a vigilar nuestras vidas.

Y es que no es fácil tu tarea, caelum mihi, "cielarnos" a todos en la misma medida.


jueves, 16 de marzo de 2017

MACEDONIA

De la red

Una tarde calurosa en una ciudad cualquiera, una persona sin nombre decidió hacerse una macedonia bien fresca.

Cortó manzanas, peras, melocotones, ciruelas, añadió zumo de naranja y unas cuantas cerezas. Picó un poquito de hielo, echó una pizca de nata, lo movió todo con mucho cuidado y con gran delicadeza.

Gracias a las manzanas depuró toxinas y eliminó el colesterol. En cuestión de horas se sintió más liviana, más guapa, se puso el bikini de flores y se fue a la playa a tomar el sol.

Las ciruelas, además de estar muy ricas, curaron su anemia y subieron su ánimo. Después de pensarlo un rato se armó de valor y así como si nada lo llamó y él contestó.

Gracias a los melocotones sintió cómo cicatrizaban sus heridas anteriores, su piel creó un pelo muy suave que tentaba ser tocado por conocidos e indeseables. Empezó a desprender un olor tan atrayente que se tuvo que bañar en el mar para oler a algas marinas, en vez de a fruta prohibida.

La pera le ayudó a hacer bien la digestión. Todo lo que le iba pasando aquel día tan surrealista lo iba digiriendo a la velocidad de la luz. No lo pensaba, sólo sentía y sintiendo como lo hacía no pudo evitar un patatús.

Menos mal que la naranja y las cerezas tienen vitamina C y antioxidantes, porque necesitó una Camilla no oxidada para salir de allí llamando la atención. Los facultativos le pusieron hielo en la frente y afortunadamente, reaccionó.

Al despertar se dio cuenta de su fallo, había olvidado poner en su macedonia fruta de la pasión. La ausencia de esa pieza tan pequeña en ese puzzle tan grande, le causó un desmayo pero también la ayudó.


martes, 7 de marzo de 2017

BUM BUM

De la red

Bum bum, bum bum, bum bum... podría sonar así el latido monótono de mi corazón. Sin embargo, de aburrido no tiene nada. Si hurgo dentro y separo bien las capas, encuentro restos y babas, señales de que hasta allí llegan los escombros de los días y sustancias naturales reelaboradas.

Por el ventrículo izquierdo encuentro agua salada. Últimamente visito tanto la playa que una noche sin darme cuenta bebí un sorbo rápido que desapareció como si nada. En este momento entiendo dónde fue a parar, resulta que esa parte de mi corazón estaba deshidratada y ahora gracias al agua está más flexible y gracias a la sal los domingos por la tarde canta y hasta baila salsa.

En la aurícula derecha hallo una rajita de limón sin exprimir. Aunque las señales no son muy claras, creo que se ha quedado a vivir allí para dosificar gotas de zumo ácidas cada vez que mi corazón se empalaga. Es una buena forma de contrarrestar las subidas peligrosas que se dan cuando empiezas a enamorarte o cuando te dan la estacada.

La aurícula izquierda duele, un cactus con varias espinas ha causado muchas úlceras y heridas. Mis recuerdos me trasladan hasta una cocina mexicana y decido freír unos nopales, para que el cactus vea lo que puedo hacer con él si no deja de atacarme.

El ventrículo derecho está amueblado, a estas alturas creo que vive alguien dentro. No quise indagar demasiado porque estaba todo limpio y muy ordenado, para qué voy a cambiar de inquilino si no tengo queja por el perro ladrando o por la humedad del vecino.

¿Pero, qué percibo? De repente veo que un osado saltador pretende lanzarse al vacío.
Mucho me temo que sin coraza de chapa para aguantar las espinas, sin botella de oxígeno para bucear en el agua y sin papilas gustativas extirpadas, no será capaz de llegar vivo hasta la mujer oculta que habita en la casa.