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| De la red |
Anochece fuera y dentro empieza a adornarse la estancia que acogerá la festividad diaria que rodea a los sueños: dulces en vez de piedras, zeppelines en lugar de nubes. Y entre ellos, vestidos con camisones morados, ángeles y angelitas volando, desplumándose las alas a pellizcos o adornándose con flores sus rizos dorados.
Comienza el sueño pasando lista en orden alfabético: tú y yo, la T se nombra primero porque la Y tiene un nombre muy largo, si lo hubiéramos hecho al revés es posible que te hubieras dormido sin soñar por estar demasiado cansado.
La temática se elige en una gramola donde están reunidos y con títulos en negrita los hechos que acontecieron en el pasado, los sucedidos durante el día e incluso los imaginados por Y con T y los de T con Y y con aquella maleta...
Sin pensárselo dos veces escogieron soñar con la historia más arriesgada e incierta. Los angelitos se llevaron las manos a la boca y fruncieron el ceño, mientras que unas ovejas que pasaban por allí diciendo beeee decidieron cambiarse rápidamente de sueño.
Se quedaron esperando con la única compañía del eco de algunos pasos. Unos se iban y otros se fueron acercando. Decidieron entonces cerrar los ojos, agarrarse las manos y dar un paso adelante para empezar a vivir el sueño que entre los dos habían creado.






