miércoles, 14 de marzo de 2018

PERDICIÓN

De la red

Esta es la historia de la perdición, el destino de una palabra aguda acabada en n y con tilde en la o.

Papá Imperdible conoció el amor durante una tarde ventosa, su trabajo le llevó a enganchar aquella tela que se escapaba como seda de su obligada ocupación. Después de acomodarse en su nueva postura miró hacia los lados y allí la vio: resultó ser la imperdible por la que más tarde él perdería la razón.

Sus perfiles estaban rectos, su acabado brillante y cegador, su enganche hacía un ruidito tan diferente que provocaba miradas y cuchicheos cada vez que se unían sus extremos.

Su nombre, Adición. Era conocida en el costurero por atraer alfileres hasta su casa para sumarlas y volver a sumarlas y así calmar su ansia por añadir alimento a su vida interior.

Después de unos meses intensos, Imperdible y Adición tuvieron a Perdición, un imperdible tierno y extremadamente pequeño, que les trajo de cabeza desde el día que nació.
Cuando buscaron su nombre llegaron a un acuerdo tácito: pones cinco letras tuyas y otras cuatro las pongo yo. Creo que no se dieron cuenta de que así llegaba a sus vidas una palabra que acabaría con todo lo que tenían.

Y así sucedió, condenaron eternamente sus vidas a enganchar un par de cortinas de donde no volvieron a bajar. Mientras tanto Perdición jugaba al escondite con las agujas y las bobinas del costurero sin sentir ningún tipo de presión: sabía que nunca se perdería gracias a su padre y en la vida sólo sumaría porque su madre había sido, simplemente, la mejor.

lunes, 26 de febrero de 2018

GANAS

De la red


Fuimos ganas, de esas que no pueden esperar a llegar a casa para abrir el paquete de chocolate, de las que estiran las horas haciéndolas interminables, de aquellas que consiguen cambiar el agobio de un día por la tranquilidad absoluta e infinita.

Porque viajamos juntos serpenteando por aquella inhóspita travesía, si no remábamos unidos los remolinos nos abducían. Miramos a la vez las puestas de sol tardías y descubrimos que nuestras ansias intensificaban el color de las despedidas.


Somos ganas, de estas que te obligan a dormirte en el sofá pasadas las once, de las que te llevan hasta un lugar preciso sólo porque allí venden esos croissants tan exquisitos, de las ganas tan exacerbantes que se tienen dos personas cuando se miran y se gustan sin cometer por ello ningún crimen o delito.

Porque seguimos el viaje aunque yo voy delante y tú te paraste, creo que te distrajo la niebla densa que se formó en el camino, me esfuerzo y de vez en cuando te envío mensajes en código morse para que no te olvides de las ganas que somos, de las que fuimos y de las que nos quedan por ser. Te reto a un juego o ¿a un juego ya te reté...?


miércoles, 14 de febrero de 2018

SERENDIPIA

De la red
Me encontré con la suerte de golpe un día, pero esa mañana diluviaba y tuve que ponerla a secar en la cuerda cerca de la ventana durante la comida.

Resultó que la suerte tenía nombre y apellidos, prefirió guardar el anonimato conmigo porque no se fiaba de alguien que caminaba mirándose los pies, o más bien, los tobillos.

"Me cuesta mirar hacia el cielo porque por ahí arriba vuelan pájaros, hacen nidos y grajean los cuervos", dije yo.

Eso no es excusa, por el suelo reptan los gusanos, saltan las pulgas sin dueño y a primera hora de la mañana la humedad lo cubre todo con una capa fina de falsos sueños.

"Pero gracias a mi postura te encontré, estabas tan escondida que sólo mirando hasta el fondo pude distinguir tus escurridizas patitas. Estoy muy convencida de que has sido una serendipia en mi vida".

Y entonces brotó una lágrima de su afortunado ojo clínico, llevó sus dos brazos hacia la espalda y se apretó a sí misma como lo haría un auténtico ser vivo.

Es curioso, pero al tenerla tan cerca sentí que estaba sobrevalorada, la suerte es pequeña, delgada, frágil, se la hiere fácilmente y huye si se siente presa. Más o menos es el espejo de la persona que la mira, un reflejo, una indirecta, una palabra abajo y otra arriba.

Mi suerte y yo convivimos juntas en perfecta armonía, la cuido, me cuida, le doy abrazos y a cambio ella me obliga a levantar la barbilla cada día.


viernes, 19 de enero de 2018

PIROPOS

De la red
Quiero deciros a todos los que me leéis un bonito piropo antes de que me lleven presa y me dejen en el calabozo.

Piropo es el nombre de mi perro, me pregunto si le ofende, a pesar de que es bello por dentro, por fuera, cuando ladra, cuando corre y hasta cuando parece que me entiende.

Desde hace unos meses sufro síntomas asociados al síndrome de Stendhal. Todo lo que veo y lo que me rodea está pleno de belleza. Esa plenitud tan desmadrada me provoca mareos y visión borrosa, pero cuando me recupero del ataque veo mejor que antes, incluso más que cuando era una moza.

Y curiosamente me llama la atención lo simple y lo sencillo; líneas rectas, nada de nudos, colores lisos, no gotelé, personas contentas consigo mismas, satisfechas de sus vidas a pesar de las tristezas y gracias a las alegrías.

Todos sois bonitos y todas sois bonitas. Por leer, por escribir, por llorar y por reír, por trasnochar o madrugar, por hacerme sentir tan profundamente feliz que donde hay un árbol quemado consigo ver un Dalí.

...quizá la culpa de todo la tenga un simple piropo que salió de tu boca un día. Es posible que nunca lo sepas. Me gustó recibirlo y devolverlo es el único motivo por el que deseo que vuelvas.


sábado, 30 de diciembre de 2017

CENIZA


De la red
Me prendieron fuego una madrugada, yendo por la calle sola en busca de agua. Y gracias a ese agua que había buscado, apagué las llamas que me habían quemado.

Hallé unas horas después un cúmulo de cenizas en mi bolsillo trasero, lo soplé con fuerza y se me cayó todo el pelo. Así, calva y somnolienta, maquillé mi rostro que daba la vuelta y sin querer o queriendo pinté cuatro ojos, dos labios y me pegué un mechón de pelo sintético.

Cuando la gente me veía, me preguntaban dónde había quedado la antigua María, aquella que actuaba, la que bien vestía, la escritora anónima, esa que ayudaba al prójimo antes que a su propia "personajilla".

Y es que María se transformó en MARÍA, un ser mucho más metódico consigo misma. Dejó el entorno a un lado y comenzó a cavar su camino entre las piedras y el barro. Como era un trabajo duro, le dedicaba muchas horas al día, se ensuciaba las manos, sus uñas se le rompían. Nunca fue cómodo su lugar de faena, pero estaba segura de que lo que encontraría al fondo merecería la pena.

Hoy en día su búsqueda continúa, no obstante cuando salta de emoción y de alegría, montones de ceniza le salen de las heridas, ceniza que le recuerda a la hoguera, ceniza que la transporta al agua, ceniza que le remueve la conciencia y si la dejas, hasta las tripas.

lunes, 11 de diciembre de 2017

MI GRANITO DE ARENA


De la red
Cuando mis ojos no soportaron más lágrimas y mi mente empezó a naufragar recordé que una vez cuando era pequeña me quedé ensimismada mirando el camino que tomó aquel globo de colores extraños que se soltó de mi mano por lo que consideré mi torpeza. Hoy entiendo que peleó y ganó sin que yo me diera cuenta.

Y es que alejarse, tomar distancia, ampliar el horizonte, dejar que el silencio se meta en las entrañas, son buenas opciones para que la vista reaccione y de repente lo que ves es lo que sueñas o lo que sueñas es lo que ves, vete tú a saber.

Imaginé lo que mi globo vería, lo que sí noté es que se había desprendido de toda la publicidad dañina que nos ahoga hoy en día. Con esa ventaja y con la de ser ya madurita, me dejé llevar por los vientos alisios y acabé observando con mucho detalle los granos de arena de una playa cualquiera, por ponerle nombre llamémosla "Vida".

En "Vida" había granos saltarines, esos que ante una pisada enérgica se hacían notar para demostrar su valía. También había granos perezosos, esos que tendían a meterse hacia abajo porque hasta los rayos del sol le provocaban antojos. Había granos alargados y granos rechonchos, algunos trabajadores y otros estudiosos.

Había también en "Vida" familias de granos viviendo entre los espigones: granos solteros, granos casados, granos viudos y granos divorciados. No llegué a saber cómo diferenciarlos a simple vista, era su actitud ante las olas la que me dio más de una pista.

Entre todos ellos hubo uno que me llamó mucho la atención. Era un granito más bien pequeño, que dudaba mucho pero con razón, su interior estaba formado por corales extintos que se transparentaban excesivamente hacia el exterior.
Su look atraía a cangrejos hambrientos y a gaviotas avaras, estaban convencidos de que sería un buen aderezo para las ensaladas de algas. Pero él se defendía a la perfección, nunca necesitó granos guardaespaldas o disfraces para cambiar de color.

"Mi granito de arena", así lo llamé yo. Un nombre único en la playa de la "Vida" aunque a simple vista parezca una generalización.


sábado, 25 de noviembre de 2017

CARIÑO

De la red
Si hay una palabra bonita en este mundo tan cambiante es justo esa que no se transforma en otra cosa con el paso de los años.

Esa que aporta una pizca de consuelo en los tiempos bajos, esa que acompaña y notifica su llegada en forma de abrazo o de llamada inesperada, esa a la que yo soy adicta después de haberme acostumbrado a poseerla y moldearla.

Aquella que cuando la compartes en vez de perder, la ganas, la que crece cuando duermes y disminuye con la rabia. Esa palabra que se une a un nombre propio y ya no hay como arrancarla. La que tiene género masculino pero también funciona a las mil maravillas con el femenino si sabes utilizarla.

La que cuando falta se crea un vacío inhóspito y hueco en el que aparecen musgos mohosos que acumulan ácaros y polvo. Ese lugar tan oscuro donde nadie quiere entrar ni con cascos, ni con porras, ni con escudos.

Por todo esto y porque hoy quiero mandarte una dosis enorme de cariño, te envío rosas secas que ya no sufren al dejar de ser bellas, mariposas caprichosas que se empeñan en volar al revés para demostrar que son poderosas, luces de colores que se adaptan a tu vista, a tu ritmo, a tus olores. Y por último te remito un gran abrazo, va empaquetado entre líneas, entre párrafos, parece sutil pero estaba premeditado.