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jueves, 24 de noviembre de 2011

TINIEBLAS



Ya va llegando el frío, mañanas con nieblas espesas que aislan los ruidos cotidianos de las madrugadas semanales.


Ambiente mágico que consigue transportarme hasta las calles de Londres del siglo pasado.


Sentirte sola y única, creer que no hay más allá, ver sólo 20 centímetros a tu alrededor, sentirte segura porque no te pueden ver, oír únicamente tu respiración.


Dan ganas de sacar los pinceles y ponerle un toque de color, marcarte una firma tipo graffiti, bordear el camino de rojo pasión, darle un toque dorado a los bancos e inventarte un amante con esmoquin brillante, pelo rizado y una boca diciendo "te quiero, mi amor".


domingo, 6 de noviembre de 2011

EXPERIMENTANDO





Me han contado en una esquina o quizá fue sólo un sueño, que es posible ser humano sin dejar de serlo.


Correr porque me apetece, brincar o hacer el pino, quiero dar saltos de alegría y llorar si tengo motivos.


Ir a un parque alejado una tarde de este otoño, dar de comer a las palomas granos de mijo y trigo.


Desnudarme en verano y lanzarme de lleno al vacío, nadar entre tiburones y tocarles la aleta sin motivo.


Afilarle los dientes al lobo que deambula por el bosque de al lado, con ayuda de una gran lima morada que anestesia y atonta al minuto.


Encontrar tres perritos sin nombre, bautizarlos como "Tú" "Yo" y "Nosotros", enseñarles a darme la patita cada vez que se lo pido, a sentarse, a no ladrar, a ser más como una persona y menos como un perrito.


Y orgullosa con mis logros y mis mil y un mordiscos, volver a mi casa apoyada en bastones de caramelo, por si en un momento dado me apetece descansar, llevarme algo a la boca y de nuevo, disfrutar.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

CUENTOS


De pequeñas soñábamos con ser princesas... De esas que estábamos acostumbradas a ver en los cuentos, con sus vestidos largos y vaporosos, con los cabellos rubios, siempre perfectos, con tirabuzones marcados y situados en el lugar exacto.

De esas que tienen los ojos azules, que lloran lágrimas sólo si es por amor, que emanan ilusión si miran por la ventana...

De las que esperaban pacientes la llegada del príncipe azul, porque sabían que era su destino, de las que se pinchaban en la rueca, comían manzanas envenenadas o convivían con enanitos sin mostrar oposición.

Las palabras que leíamos nos transmitían que la vida de esas mujeres estaba centrada en la espera, en la paciencia, en la educación. Quejarse no formaba parte del juego, ¡¡eran princesas!!.

Cierras el libro, te miras en el espejo, coges las tenacillas e intentas construir un tirabuzón que se desmorona, observas que tu melena rubia platino muestra unas raíces negruzcas mezcladas con canas, que tienes las puntas abiertas...

Que ni se percibe el color de tus ojos porque entre las ojeras y una conjuntivitis aguda no queda espacio para albergar ilusión.

Que si miras por la ventana ves al vecino de enfrente y que éste no tiene pinta de príncipe y que no es azul.

Que lo de esperar no lo llevamos muy bien, que la paciencia se nos acaba pronto y que la educación está cotizada.


Por las noches cerramos los ojos y esperamos que sea mañana el día en el que se cruce por nuestro camino una viejecita que nos ofrezca una manzana, deseamos que esté envenenada, deseamos dormir plácidamente hasta que un beso de amor nos despierte y nos muestre que, después de tanta espera, por fin se acabó esa vida solitaria de princesa.

jueves, 5 de mayo de 2011

ESCULPIENDO



¡¡Desde arriba se veía todo tan diferente!! Daba la sensación de que alguien le había dado la vuelta a la Tierra y que por éste motivo mostraba las cicatrices de lo que esconde, las vísceras a plena luz del día, las venas, los órganos... y a nosotros, como hormigas, no, mejor como virus o bacterias, pues nuestra labor parece ser la de crear malestar, producir picores, toses, gases, tumores y cánceres.


Allí estaban las nubes, retorciéndose de tal manera que creaban unas formas tan difíciles de retener, que parecían sacadas de los sueños de la poderosa imaginación de algún genio, si es queda alguno.


Y quise volar, aposentarme en un mullidito cúmulo, orientado al sur, por supuesto. Construir según el momento: un cómodo sofá sin mucha humedad para ver desde allí y con las gafas de sol puestas, una única y maravillosa puesta de sol, una silla con patas de metro y medio para ver desde la distancia si se acercan tormentas o huracanes, o bien una cómoda cama con funda nórdica de plumas de cigüeña para descansar la vista y la mente de tanta belleza, paz y tranquilidad.


Pensaba mientras lo sentía.