Daría un aire bohemio a esos gratificantes ratos de lectura, donde la imaginación se estira a cuatro patas, sonríe, se nutre, mejora la calidad de su piel y hasta te muestra la cara del revés.
Sentir a ratos que formas parte de otra historia, identificarte con los personajes, ponerle ese puntito de emoción que le falta a tus días, encajarte la careta y transformarte en actriz, integrar todos esos sentimientos que nunca antes imaginaste vivir...
Es el riesgo que se corre al cambiar la perspectiva, la visión de las cosas o la rutina, que todo te parece un sueño y sin embargo, tienes pruebas de que sucedió, que cierras las tapas del libro y sólo queda el recuerdo de las imágenes creadas de la nada, pero construidas con bocetos de nuestro más íntimo interior.
Por momentos, quisiera tener la claridad de la luna llena, mostrarme orgullosa al mundo y ser capaz de vislumbrar durante las noches despejadas, la letra pequeña de todos los diarios elaborados bajo lágrimas y escritos desde la distancia.
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